Se recrea en un baño de agua caliente, festival de aromas y burbujas, preludio de compases y claves hechos poemas dactilares que, investigan el sentir invisible del lenguaje y todo aquello que está más allá del pensamiento.Ella espera...
Mientras seca su cuerpo, intenta no perder el equilibrio urdiendo el boceto que, navega por sus venas con las emociones soñadas, desdoblando el tiempo entre las huellas imprecisas del efímero camino a los pliegues de su piel, laberinto de esencia de lilas, anticipación de la brisa del deseo que, seducida, se enfunda allí donde se dispone arder.
Se viste para él…
La suave seda de unas medias cubre sus piernas. Embelesada
en un ritual de sutileza se ciñe su figura a un capricho de rojo satén, color que se asemeja al carmín con el que perfila sus labios. Unas gotas de perfume se deslizan por su cuello, y caen juguetonas al vértice de sus senos, roce etéreo que la lleva a devorar los vestigios de una pasión anterior. Un suspiro rompe en mil pedazos el momento, siente estallar el deseo de la carne bajo la ropa, intangible sentir que se dispersa en un espiral de caricias ansiadas.
Tirano reloj que pospone en las manos del letargo su asfixiante ausencia.
Los últimos detalles…
Elige una melodía de piano que se enreda en sus sentidos, tantas veces ha compartido con ellos los acordes de su lujuria que, a quedado esculpida en bocanadas de notas musicales hechas aire…
Una cubitera y dos copas para su champán preferido, rosado, como sus labios… Un escalofrió la recorre entera, llega a su memoria la ultima vez que él descorchó otra botella como la que en ese momento sujeta con sus manos. Su cuerpo, fue la copa donde él la devoró con avidez en el torrente de burbujas rosas, absorbiendo en el camino hacia su sexo hasta la última gota, evaporada en la sed y la lascivia de su boca. Ebrios de pasión, afiebrados, locos, desnudos, la grafía del placer escrita en piel mojada, indecible delirar en la celebración de la existencia…
La sangre se acumula a borbotones en sus entrañas, se desvanece en los aledaños de la mente, quebranto del inconsciente y subconsciente que le hacen prisionera, del aire de su cuerpo, del veneno de su boca, del arrebato de sus caricias, de su voz, de la espera...
...Se oye el abrir de una puerta, unos pasos, una figura, su aroma.
El llega…
















En el agua había ciento de pétalos de flores y un perfume exquisito emanaba de ella, a todo esto lo acompañaba una delicada melodía de piano que no sabia exactamente de donde salía, aún así no lo dudé ni un momento, sin hacerme ningún tipo de preguntas me desnudé y me sumergí en el agua que estaba a la temperatura perfecta, cerré los ojos y me dejé llevar… A los pocos minutos me sobresaltaron unas manos que me sujetaron por los hombros desde atrás a la vez que una voz varonil me susurraba:
Durante unos instantes solo sentía su respiración agitada, pero enseguida reaccionó, el sonido del agua me indicó que había salido de la bañera pues yo aun seguía con la venda en los ojos, de repente me incorporó sacándome al exterior y me rodeó con una suave y esponjosa toalla secando con ella mi cuerpo, me elevó entre sus brazos como si fuera una ligera pluma y me llevó hasta la cama, me acomodó entre almohadones cubiertos también con pétalos de flores, mis manos los rozaban, y allí , expuesta a su plena voluntad se desbordó de nuevo en caricias, esta vez envueltas en un aceite de esencia de canela. Comenzó por mis pies con un suave masaje, más tarde sus manos apretaban mis tobillos subiendo lentamente por mis piernas, recreándose en el interior de mis muslos, jugaba con sus dedos alrededor de mi sexo excitadísimo, creando espirales de deseo con cada roce, alterando mis sentidos, erizando cada poro de mi piel, envolviéndolos con el aromático liquido que me estimulaba y me producía el mas intenso de los gozos; llegó hasta mis senos, con un solo dedo rodeó sus aureolas rosadas hasta llegar al pezón eréctil, el cual acariciaba sumamente despacio, con tanta delicadeza que parecía temer romperlo, yo me curvaba de placer, entonces su boca se precipito a la mía, desembocando en un torbellino de pasión, enredándonos entre la humedad de nuestras lenguas, atándonos y desatándonos por momentos para poder respirar, para no asfixiarnos en nuestro propio d
Te echo de menos...



Me tumbó en el suelo y se dedicó
