lunes, 6 de junio de 2011

Capricho...

Hacia bastante tiempo que me rondaba por la cabeza una fantasía, la de desnudar a un hombre de forma salvaje, arrancando los botones de su camisa, uno a uno, sacando mis instintos mas primitivos e irracionales. Indecente, atrevida, furiosa, procaz, ardiente, sin medida… Llegar a dominarlo y someterlo por completo, hasta mi total y absoluta voluntad…
Allí estaba la ocasión, me esperaba en su casa, cumplía todos los requisitos, camisa de un blanco impoluto y una sonrisa que invitaba a imaginar…
Me encaminé hacia él, en silencio, sigilosa, como una fiera acecha a su presa, afilando sus colmillos, relamiéndose antes de tiempo del anhelado festín…

Cuando lo tuve frente a mi nos miramos, ninguno de los dos pronunció palabra, mis manos se dirigieron hacia su pecho, pero de repente y sin saber muy bien el porqué, las ansias y la premura por devorarlo adquirieron su total y más compleja dualidad cuando, al tocarlo, sentí la calidez de su cuerpo, la necesidad por acariciarlo, por sentir su pasión, de poseerlo pausada y lentamente. Esa sensación alteró mis ganas, convirtiéndose en el más inminente de mis deseos.
Mis dedos se deslizaron por la fina tela , hasta llegar al primero de sus botones, entonces, como si se tratara de un ritual, me inicié a desabrocharlos con suma delicadeza, hasta que su torso quedó al descubierto, mi boca comenzó a recorrerlo cubriendo su torso de suaves besos, mientras que mis manos se colaban por sus costados hasta alcanzar sus hombros, eché hacia atrás su camisa sin llegar a quitarla del todo. Seguíamos en silencio, nuestros labios se encontraban a escasos centímetros el uno del otro, las respiraciones se mezclaban dulcemente haciendo más difícil aun el aguantar la inercia de fundirnos en un beso, de un impulso me giré hacia su espalda, pegando completamente mi cuerpo al suyo, mis manos se aferraron a sus caderas, apretándolo con fuerza contra mí. El calor de mi aliento se estrellaba en su nuca, mi boca mordía delicadamente su cuello, mi lengua jugaba con el lóbulo de su oreja, su piel se estremeció, el calor de la carne y la excitación de ambos emanaban entre gemidos y susurros de placer… Retiré su camisa por completo y lo sugerí que permaneciera inmóvil por unos instantes. En un nuevo aviso le pedí que se diera la vuelta, al volverse se sorprendió gratamente, la expresión de su cara lo delató al ver toda mi ropa tirada en el suelo,yo, solo llevaba puesta su camisa... Lo miré con avidez mientras le hacia una sutil sugerencia:
-Ven… Hazme el amor o fóllame, haz conmigo lo que te apetezca, pero con una condición, hoy somos tres… Tú, yo y tu camisa… Esbozando una sonrisa maliciosa añadió: -Contigo lo quiero absolutamente todo… Hoy mandas tú. ¡Caprichosa…!

Lo que aconteció después lo dejo a la imaginación o "capricho" de todos vosotros….


Amanteceres
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viernes, 20 de mayo de 2011

INTERIORES


Traduciendo deseos
muero en tu fuego,
en los ardores y vapores que destilan
los perfumes de tu piel voraz.
Se comprime en mis venas
el suspiro de tu voz,
bordeando la esquinas
que me llevan a tus labios.
La urgencia de tu boca me provoca
y me empuja de costado,
a los laterales de tus vicios
que me desnudan y calan de caricias.
Hambrienta de ti transpiro pasiones
enredándome en tus adentros,
arrastras el deseo que hierve en mi cuerpo
con la seda de tus dedos,
conquistas los jardines de mi piel
en el descorche de las prisas de tus manos,
al galope entre mis senos y tu vientre,
sabor tibio que escudriña
al consumirme en tu aliento,
al ceñirte en el envés de mis gemidos.
Mojados en un combate de roces
nos amamos, mi, tú, dos…

Amanteceres
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viernes, 22 de abril de 2011

UNA NOCHE EN SUS OJOS

Los encuentros nunca son casuales, se disfrazan incompresibles a la mente donde el azar juega su mejor papel, confundiendo, creando hasta a los propios personajes, como una seria dirigida de circunstancias y situaciones, donde el placer por disfrutar pasa al primer puesto de una competición de sentires que llevamos dentro, sin saberlo, nosotros mismos nos sorprendemos... Llegué a Tetuán a mediodía, justo para el encuentro con unos clientes de mi empresa y otros tres miembros de una empresa colaboradora, esta vez asistía sola, por suerte la reunión se celebraba en la sala de conferencias del hotel por lo que me permitió hacer el check-ing y darme una ducha rápida. El hotel estaba ubicado en una zona preciosa, justo en el corazón de la Kasbah, la parte mas alta de la Medina, la suite estaba situada sobre la terraza de la azotea, se podía disfrutar en ella de una pequeña terraza con vistas del estrecho y a los tejados de la medina. El baño disponía de un jacuzzi situado justo en la misma dirección a las vistas. El centro del hotel era el Hamman o baño turco, una delicia donde se respiraba el aroma de aceites y esencias árabes, evocando con su decoración a las historias de las mil y una noches.
Aunque la reunión transcurrió satisfactoriamente se alargó más de lo esperado, por lo que tuvimos que comer en el restaurante del hotel para más tarde poder continuarla. Yo estaba contenta, había sido una buena operación, aunque agotada por tanta tensión acumulada, por lo que a su término decidí retirarme a descansar y no demorar mas tiempo en cortesías y cumplidos, desde que vi el Hamma no dejaba de pensar en darme una sesión de un masaje relajante con aromaterapia y en saborear un rico té a la menta.
Lo tenía decidido, pero antes de contratarlo subí a mi habitación para dejar los documentos, al entrar me sorprendió un intenso aroma floral, aunque todavía no había anochecido, las primeras sombras del atardecer se mezclaban en la habitación con las luces que irradiaban una hilera de velas blancas que se adentraban en el baño; decidí seguirlas, las velas no solo llegaban hasta allí, sino que continuaban rodeando el Jacuzzi que estaba conectado y todo espacio posible. En el agua había ciento de pétalos de flores y un perfume exquisito emanaba de ella, a todo esto lo acompañaba una delicada melodía de piano que no sabia exactamente de donde salía, aún así no lo dudé ni un momento, sin hacerme ningún tipo de preguntas me desnudé y me sumergí en el agua que estaba a la temperatura perfecta, cerré los ojos y me dejé llevar… A los pocos minutos me sobresaltaron unas manos que me sujetaron por los hombros desde atrás a la vez que una voz varonil me susurraba:
- No te asustes, tranquila, estoy aquí para hacerte disfrutar, solo tienes que dejarte llevar y relajarte, yo sabré cómo conseguirlo, si me dejas…
Cedí a su petición y comencé a relajarme. Me cubrió los ojos con un pañuelo, mientras me convencía de que de esa forma me concentraría mejor, y eso fue lo que hice, concentrarme en todo lo que a continuación sucedió.
Sentí como entraba en la bañera y se posicionaba justo a mi espalda estirando sus piernas en línea con las mías, tan pegado a mi que sentía su respiración en mi nuca. Comenzó a masajear mi espalda humedeciéndola antes con un gel de baño con olor a fresas, sus manos grandes pero delicadas se deslizaban lentamente por mi piel haciendo círculos con sus dedos, del cuello pasó a los hombros, bajando y subiendo lentamente por la curvatura de mi espalda, era como si sus manos tuvieran lenguaje propio y escribieran en mi piel palabras mojadas en pasión y deseo, pues esa fue la reacción que provocó en mi, un inmenso deseo… Me agarró con fuerza de las caderas y me llevó hasta su cuerpo, apretando mis nalgas contra su pene bestialmente erecto, como un cazador de tesoros, buscó bajo el agua mi sexo y de un impulso me penetró quedándose inmóvil dentro de mi, me rodeó con sus brazos y comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos, apretando mis senos con avidez a la vez que su boca mordía mi cuello ya ladeado y buscaba mis labios con ansias.
Nuestros cuerpos enfermos, calientes, rabiosos, desbocados, entraron en una vorágine de lujuria que le hizo llevar mis manos hasta uno de los bordes del jacuzzi para que me apoyara en el, su cuerpo cubrió el mió, acomodó mis nalgas a sus rodillas y volvió a penetrarme, sus manos cubrieron mis pechos apretándolos con fuerza, su lengua no paraba de lamerme los oídos mientras me susurraba palabras indecentes, a la vez que sus embestidas acrecentaban el ritmo cada vez más rápidas, salvajes y descontroladas , así, entre jadeos y gemidos su cuerpo se convulsionó cuando alcanzó un éxtasis de placer que lo dejó totalmente desvanecido. Durante unos instantes solo sentía su respiración agitada, pero enseguida reaccionó, el sonido del agua me indicó que había salido de la bañera pues yo aun seguía con la venda en los ojos, de repente me incorporó sacándome al exterior y me rodeó con una suave y esponjosa toalla secando con ella mi cuerpo, me elevó entre sus brazos como si fuera una ligera pluma y me llevó hasta la cama, me acomodó entre almohadones cubiertos también con pétalos de flores, mis manos los rozaban, y allí , expuesta a su plena voluntad se desbordó de nuevo en caricias, esta vez envueltas en un aceite de esencia de canela. Comenzó por mis pies con un suave masaje, más tarde sus manos apretaban mis tobillos subiendo lentamente por mis piernas, recreándose en el interior de mis muslos, jugaba con sus dedos alrededor de mi sexo excitadísimo, creando espirales de deseo con cada roce, alterando mis sentidos, erizando cada poro de mi piel, envolviéndolos con el aromático liquido que me estimulaba y me producía el mas intenso de los gozos; llegó hasta mis senos, con un solo dedo rodeó sus aureolas rosadas hasta llegar al pezón eréctil, el cual acariciaba sumamente despacio, con tanta delicadeza que parecía temer romperlo, yo me curvaba de placer, entonces su boca se precipito a la mía, desembocando en un torbellino de pasión, enredándonos entre la humedad de nuestras lenguas, atándonos y desatándonos por momentos para poder respirar, para no asfixiarnos en nuestro propio d
eseo.
Impulsivamente me abandonó para bajar derecho a mi sexo, dónde su lengua se hizo absolutamente dueña de la situación lamiéndolo con suma avidez, ayudado por su dedo índice se deslizó entre sus pliegues para mas tarde introducirse en el interior, mi humedad mezclada con sus fluidos acentuaban mas el grado de mi excitación, mientras él se saciaba sin descanso, yo me retorcía de goce entre suspiros y gemidos, apretando con fuerza las sabanas, mis ansias por llegar al orgasmo eran ya desmesuradas, sin apenas voz comencé a suplicarle, a implorarle que me llevara al final del trayecto, accedió a mi petición provocándome un intenso y dulce estallido de placer que me dejo totalmente exhausta.
Me quitó la venda delicadamente, las últimas luces del ocaso se colaban por el amplio ventanal bañando con un tono rojizo su figura en la penumbra, avivando aun más si cabe el brillo de sus impresionantes ojos verdes Lo que a contención seguidamente quedará guardado en nuestro recuerdo, solo puedo añadir, qué reímos, bebimos y cominos hasta empacharnos de nosotros mismos…

Mi vuelo de regreso salía a primera hora de la mañana, esta vez no viajaba sola, coincidía con los miembros de la otra empresa, embarcamos juntos, nos dieron asientos correlativos. Él estaba sentado al lado de la ventanilla, yo lo miraba aún con deseo, el reflejo del sol volvió a dar luz a sus intensos ojos verdes, me miró, y una sonrisa nos unió en la más absoluta complicidad...
Te echo de menos...


Amanteceres
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miércoles, 9 de marzo de 2011

MALA

Quiero morder tus deseos
mirándote indecente,
ser la llama que te enciende,
atraparte muy lentamente
provocando tú lujuria,
quemándote entre juegos
seduciéndote en caricias,
tejiendo la trampa de tu agonía
invadiendo sus sentidos
dominando tus voluntades,
¡quiero ser tu dueña, quien mande…!
devorarte hasta saciarme
como Fiera mal herida
alterada de pasión desmedida,
respirando tu sudor
caigo en la tormenta de tu boca,
seré el vEneno que se clava,
adepto a mis labios canallas
y al perfume de mi pieL,
enredándote a mis sabanas
desnudándote con malicia
salvaje, cruel, soez, lascIva…,
reCorriéndote insolente
lamiendo insaciable tu carne
prisionero de mIs deseos
tiembla tu cuerpo de hambre,
yo, aDicta a tu sexo
saboreas mi avidez
tras las huellas de mis mAnos,
te llevo a mis fantasías
enloqueces De placer,
entre gritos pides más
te arrastra la nEcesidad
con premeditación y alevosía,
te poseeré hasta deSfallecer
culpable, indomable, descarada
seré sin piedad, muy mala…

Amanteceres

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POESIA TATUADA





















Detendré el tiempo sobre tu piel
para escribir en tu cuerpo poesías,
demorando los instantes
florecerán roces en prosa,
dibujándote los sueños
en la tormenta de tu boca,
devoraré tu cuerpo letra a letra
con los vestigios de mi sombra,
marcaré a golpe de verso
la curvatura de tu espalda,
entre jirones de vocales desatadas
inventaré nuevas estrofas
de pasiones liberadas,
en la rima de tus labios
donde yo muero de ganas,
porque tú eres el verbo que me inspira
atándome a los renglones de tu alma,
escritos con la tinta de tu miel,
…que en la poesía de tu piel, yace tatuada.

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lunes, 14 de febrero de 2011

Eau 927

Si hay algo que me Altera, es la deseosa espera en las escasas horas que me llevarán a él.
Traspasar el umbral donde me aguarda la locura de su boca precipitándose a la mía en la estrecha unión de su hambre y mi s
ed, enfrentados en un duelo de pasiones...
Allí estaba, tras la puerta, esperándome con ese deseo insaciable que le quema en el cuerpo, guardado por varios días de ausencia.
Mi entrada de felina, sigilosa, desprendiendo aroma con el movimiento insinuante de mis caderas, vestida como a el le provoca, camisa blanca ajustada y falda de tubo negra, y como siempre mis zapatos estilo Gilda, lo llevó a seguirme hasta mi, sentí su calor impregnado en su ropa traspasando la mía al Aferrarse a mi espalda, a la vez que aspiraba su ansiedad. Apoyó sus manos grandes en mis hombros y lentamente me giró hacia él. Sus ojos se clavaron en los míos descubriéndonos en la inercia de un túnel de deseos.
Delicadamente su maNo sujetó mi barbilla, en el más absoluto silencio con su dedo índice perfiló el borde de mis labios, más tarde eran los suyos los que me rozaban, absorbiendo mi aliento se precipitó a mi boca que temblaba ávida por la suya. En esos mismos instantes, fundidos entre gemidos y suspiros supe que me había hecho suya, con el pacto de su boca me dejó carente de volunTad, ya solo le pertenecía a él…
Fue desabrochando con sus manos cada botón de mi blusa, recreándose en su habilidad y mi debilidad por el roce de las mismas al sentirlas por debajo de mi ropa. Dejó mi torso al descubierto, hundió su cara en mis senos, comenzó a bEsarlos, a morderlos delicadamente, entre caricias sin prisas llegó hasta la cremallera de mi falda, la bajó y la dejo caer hasta el suelo, se arrodilló para sacarla por mis piernas, así, en esa postura comenzó a besar mis tobillos, subió muy despacio por mis piernas hasta el interior de mis muslos, alterando inevitablemente la fiesta de mi piel, posó su cara en la tela del encaje fino de mi braguita ,donde respiró los aromas del Deseo que destilaba mi sexo, encendiendo más aun si se po
día mi cuerpo entre caricias y besos.
Se incorporó con la mirada desbordada de dEseo al paso que desabrochaba el cinturón y la cremallera de su pantalón dejando al descubierto su pene en plena erección, al verlo me mordí los labios lascivamente, no hizo falta que dijera nada, yo sabia lo que quería en ese momento y descendí hasta quedarme totalmente de rodillas frente a éL, extendió sus brazos y con toda la sutileza del mundo me cogió del pelo hasta acercarme a su prominente pene que me esperaba desnudo, lo envolví con mis manos mientras mi lengua seguía la huella de su forma hasta llegar a su glande licuado en deseos, yo le miraba siguiéndolo en la agonía del placer que le proVocaba mi boca al engullir su carne blanca que destacaba en el contraste del rojo del carmín de mis labios, mientras tejía caricias con sus dEdos en los rizos de mi pelo, se deleitaba mirando la escena desde un espejo inmenso, situado a un lateral de nosotros, donde se dibuja la caRa de nuestra pasiones, donde su propio reflejo se disipaba en el humo de los suspiros, en la tormenta de mi boca que incendió su cuerpo y lo elevó a los espasmos de un intenso orgasmo. Sentí como su esencia, dulce, suave, fluía por mi Boca hundida en su sexo, llenándola por completo, me incorporé y en un beso con sabor a él lo compartimos, con prisas, excitados, él aun tembloroso , yo fuera de contrOl.

Me tumbó en el suelo y se dedicó A respirarme uno por uno los poros de mi piel curvándome de sentires y de gozos nuevos, me dejo desnuda de mi propia desnudez, en la ingravidez de su cuerpo trabada en mi pecho, en Mi vientre y en locurAs regaladas aún por descubrir…
Aunque me cueste reconoceRlo, me alimento de tu alma. Y es que contigo, nunca es suficiente…

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lunes, 17 de enero de 2011

El Hedonista

No siempre las apariencias definen a las personas, a veces escondemos una parte de nosotros para proteger nuestra intimidad, construimos una burbuja donde atesoramos nuestros más preciados secretos, donde cuerpo y alma se fusionan en su total fragilidad...
Después de varios años de amistad, de compartir momentos estupendos con amigos en común, se decidió a invitarme a su casa a cenar. Él era un hombre bastante carismático, atractivo y elegante, siempre tenía en sus labios una estupenda sonrisa, de esas que impactan, que te atrapan y te preguntas ¿qué sabor tendrá...?

Allí estaba yo, a la hora convenida, todo estaba preparado, un ambiente ideal de luces y música, una mesa elegante y una cena de gourmet en la que nos deleitamos con varias delicatessen.
Al poco tiempo tuve la sensación de estar con otra persona, descubría detalles en él que para mi eran totalmente desconocidos o quizás al estar siempre acompañados con otras personas pasaron desapercibidos, lo que estaba claro es que este nuevo hombre me estaba conquistando...
Terminamos de cenar y pasamos a otra parte del salón, donde me indicó que me sentara en un inmenso sofá blanco, el se fue para la cocina y al rato apareció con una caja de bombones, una cubitera y una botella de un riquísimo champán rosado de una marca bastante conocida. Preguntó: - ¿Te gusta, verdad? No sé si fue casualidad o quizás el ya lo sabía pero la cuestión es que de todas las bebidas que puedan existir en el mundo, esta es mi favorita. Brindamos mirándonos fijamente, después desenvolvió uno de los bombones con tanta delicadeza que yo me quedé abstraída en el movimiento de sus dedos, acercó el bombón hacia mis labios, yo mordí una parte y él se llevó el resto a su boca, al momento caímos en la inercia de nuestros labios, prendidos por una pasión recién descubierta o quizás lo lleváramos dentro desde hace tiempo y hasta ese momento no supimos expresarlo. Ansiosos de nosotros mismos nos comíamos a besos, las lenguas ávidas de deseo se fusionaban en la mezcla de nuestros jugos y el chocolate.
Entre besos y caricias me llevó a su dormitorio, se sentó en el borde de la cama, yo lo miraba nerviosa pero decidida a dejarme llevar por ese torbellino de sensaciones que estaban naciendo entre los dos y cada vez se hacia más fuerte. Me observaba de arriba abajo, y con la voz más sensual que jamás había oído dijo: -Desnúdate…
Yo accedí a su petición, pensando que era un simple capricho. Me fui despojando poco a poco de mi ropa, que iba dejando caer sutilmente en una inmensa alfombra que se extendía a los pies de la cama, él la iba recogiendo y colocándola perfectamente estirada a su lado. Ya completamente desnuda lo miré fijamente, estiró los brazos e hizo un movimiento con sus dedos indicándome que me acercara hacia él, asiendo mis caderas como garras apoyó su rostro en mi vientre, su respiración traspasaba mis poros incendiándome por dentro, se dedicó a dibujar mi cuerpo con sus manos, recorriendo casi con precisión cartográfica los pliegues de mi piel, dejando una senda brillante con la saliva que iba desprendiendo de su boca al besarme. Se incorporó conduciéndome a la vez hasta un comodín con un inmenso espejo que justo había detrás de nosotros, apoyándome de pie en él, cogió mi ropa y como si de un ritual se tratara empezó a vestirme, yo lo miraba extrañada, pero no pregunté nada, la tibieza de sus manos subiendo por mis tobillos al introducir mi tanga me tenían extasiada de deseo, lo colocó perfectamente, casi ajustando a milímetros los dos cordones negros que se sujetaban con mis caderas. Continuó con el sujetador, parecía que toda su vida se había dedicado a abrochar estas prendas por la precisión con que lo hizo. Después suavemente introdujo uno de mis pies en una media, lenta y delicadamente la iba subiendo hacia mis muslos, los cuales se erizaron al colocar la blonda de encaje por un simple roce de sus dedos a mi sexo que ya estaba notablemente húmedo por la excitación, hizo lo mismo con la otra pierna, pero esta vez fue premeditado un nuevo contacto de sus dedos, buscaba excitarme y lo estaba consiguiendo. Acomodó mi pie derecho en su rodilla, recreándose lascivamente besó mi empeine y mi tobillo, más tarde encajó mi pie en uno de mis zapatos con tal delicadeza y mimo que pareciese ser de puro cristal, luego hizo lo mismo con el otro pie.

Se incorporó para enfundarme de nuevo en mi vestido, una larga cremallera en la espalda lo ceñía completamente a mi cuerpo, acarició con las yemas de los dedos mis hombros a la vez que con sus dientes mordía delicadamente mi cuello, sus manos abiertas se deslizaban lentamente hacia mis pechos y haciéndose hueco a través del escote se colaron en su interior, mí piel se erizaba entre un sin fin de caricias, sus labios seguían jugando en mi cuello, sentía el calor de su cuerpo adosado a mi espalda y la prominente erección que se clavaba con fuerza en mis nalgas, me estaban volviendo loca de deseo… vertiginosamente me dio la vuelta, lanzándose de lleno a mis pechos toda esa calma con la que hasta ahora se había comportado se transformó en la más extrema dualidad, su lengua se deshacía entre lametones por mis pezones que con una habilidad asombrosa los había sacado al exterior, sus manos me recorrían por encima del vestido quemándome casi la piel por el fuego que desprendían, lo subió hasta mis caderas en un arranque de furia desmedida, sus dedos se colaron por el hueco de mi tanga indagando por mi sexo, inundándose de una lubricidad cristalina que me tenía totalmente calada, en ese momento, fue como si hubiera adivinado mis deseos por que invadiera con su boca todo mi sexo, rompió de un tirón mi fino tanga y como un animal hambriento se dispuso a devorarlo, sentí como su lengua dominaba por completo mi clítoris, como se recreaba lamiendo mi carne trémula mientras yo me retorcía entre gemidos de placer, se arrastró hasta mi boca para besarme estallando en unas ansias con sabor a mi, se desabrochó su pantalón, y aferrando sus manos a mis muslos me penetró, sentí como me llenaba por completo de él mientras su mirada se perdía en la mía. Lo desabroché temblorosa los botones de la camisa dejando su torso al descubierto, mis manos se agarraron a sus hombros, mientras el iniciaba un ritual de movimientos pélvicos, suaves al principio pero según nos iba consumiendo la pasión se fueron acelerando, hasta ser casi brutales, allí entre sus brazos, sumida en un estallido de placeres, unidos por una misma pasión, mis uñas se clavaron en su espalda al desvanecerme en un orgasmo intenso, tan intenso que perdí la consciencia por un instante...

Me llevó hasta su cama, entre risas y caricias nos pasamos la noche dedicándonos a jugar al amor, hasta agotarnos de nuestros sentires. No teníamos hambre, no teníamos sed, sólo la necesidad de saciarnos de nosotros mismos...
Nunca imaginé que tras esa mirada amigable se escondiera un hombre tan seductor, con unos dotes amatorios tan increíbles, tan especiales como deliciosos, así era él...
A los pocos días recibí un pequeño paquete, al abrirlo encontré un tanga de fina lencería en color negro con una tarjeta que decía: - ¿Te gusta? A mi me encantará rompértelo, no pienso en otra cosa...


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viernes, 14 de enero de 2011

2º ANIVERSARIO




















PARA TI...
Te invento despierta cada día en la lluvia que provoca tu piel con mi piel.
En la orilla de mis sueños te venero cuando cruzo la puerta de tu cuerpo.
A dos centímetros de la carta de tu boca me enredo en tu mismo cielo.
Mis manos cobran vida y te tocan temblorosas, resbalando en tu dulce aroma.
Oscilante delirio que me mece en el péndulo del lenguaje del deseo.
Saboreando con ansias la marea desbocada de tus besos.
Ardiente desnudez provocada por la leña de tu fuego.
Y te dejo un sitio en mi pecho, en mi vida, en mi costado…
Suspirando caricias de terciopelo, desatando nudos de pasiones rojas.
Atrapada en las líneas de tus manos me moldeas entre surcos de placer.
Y desnuda de ti, me entrego para vestirme de pecado…


Amanteceres
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Quiero agradecer a todas las personas que en estos dos años se han acercado a mi blog. Aquellos que me leen habitualmente, los que dejan su huella en hermosos comentarios, a los anónimos, a mi inspiración, a los que me escriben a mi cuenta de correos dejándome palabras que alientan mi motivación, a los maravillosos amigos que he encontrado en este mundo y que alguno ha tenido el gesto de regalarme algún texto, a otros que ya tenia y que fielmente me demuestran su cariño y admiración.
A todos vosotros GRACIAS por existir...


AMANTECERES

martes, 21 de diciembre de 2010

DIAS DE LUZ

¿Brillas en la oscuridad o es de día en la memoria cuando cerramos los ojos?
("El pergamino de la seducción")

GIOCONDA BELLI

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

sábado, 4 de diciembre de 2010

EVOCACIÓN

Eran las nueve de la mañana en España, me encontraba en casa, aun acostada aunque despierta, pues estaba pendiente de mi móvil, esperando ansiosa cualquier señal tuya. El teléfono sonó, me saludaste con unos buenos días, yo contesté en voz baja entre pudorosa y sensible, aun no estaba acostumbrada ni a tu voz ni a tus llamadas, todo era tan nuevo…
Te encontrabas por cuestiones de trabajo en Senegal, en ese momento en la habitación del hotel donde te alojabas, me preguntaste - ¿qué haces? Yo conteste, - aun estoy en la cama y solté una carcajada nerviosa, tú sonreíste también y añadiste – pues yo estoy en la bañera tomando un baño caliente, hago tiempo hasta que vengan a recogerme.
Yo empecé a reconocer el sonido del agua cuando agitabas tus manos, te comenté que también me bañaría cuando me levantara. Mi imaginación aprendió a volar en aquella época. Nos dedicamos una conversación deliciosa donde las preguntas y las respuestas eran absolutamente insinuantes y seductoras, algo especial nos estaba ocurriendo y su definición adoptaba nombre propio, deseo…
Al menos yo lo sentía en mi propio cuerpo. Mientras me hablabas y me contabas anécdotas de tu viaje, no podía dejar de imaginarte en esa bañera, desnudo, tu mano jugando con el agua, derramándola por tu pecho a la vez que me preguntaba cómo sería tu cuerpo, grande seguro, blanco de piel, de espaldas anchas y vello rubio al igual que tu pelo, apoyado en un costado de esa bañera llena de espuma que acariciaba tu piel.
Mi cuerpo empezó a reaccionar, cuando me quise dar cuenta estaba fuera de las sabanas, uno de mis pechos se había salido por el escote de mi mini camisón y su pezón eréctil reclamaba caricias. Obedeciendo a los estímulos que en ese momento se repartían por todo mi ser, empecé a acariciarme, con los ojos cerrados, embobada
en tus palabras, a veces hacías pausas como cuando no se sabe que decir y a la vez se quiere decir todo, entonces yo reaccionaba apurada porque no te percatases de mi estado. Esa mañana me arrastraba entre los sentires de una excitación incontrolada y la idea de sentirte desnudo, tan cerca y tan lejos de mí, yo quería pasar al otro lado, ser el agua, tu gel, ser la esponja que rozara tu cuerpo mojado, para más tarde ser la toalla que secara tu humedad, pararme en tus labios y sumergirme en tu boca, descifrando sabores…
Me costaba procesar todo lo que estaba sintiendo y descubriendo, tanto de mí como de ti, ese deseo me embriagaba por completo, enseñándome caminos nuevos donde mi sexualidad parecía acabarse de conocer, en una edad donde sentía que mi cuerpo hervía en pasiones nuevas, y me llevaban al más salvaje deseo que jamás había sentido por un hombre, asustada y a la vez maravillada, decidí dejarme llevar por las experiencias que se presentaban, comencé a descubrirme, a vivir una nueva intimidad donde mi sexo y yo éramos cómplices absolutos de la lascivia que provocabas en mi cuerpo.
Unos golpes sonaron en la puerta, tú asombrado dijiste: - Vienen a buscarme, te tengo que dejar, luego te volveré a llamar. Yo aun atontada por tanto sentir te dije – Vale, espero tu llamada. Un beso...
Nos despedimos.
Aun en la cama, mis manos recorrieron mi cuerpo, eran como si tuvieran vida propia y ni yo misma las pudiera controlar, al llegar a mi sexo este estaba hinchado, caliente, tan lleno de deseo que al tocarlo mi dedo se hundió en su profundidad, calado de mi excitación comencé a acariciar mi clítoris y ahí empecé a disfrutar del ritual de pensarte y dedicarte mis orgasmos, mientras que imagino que son tus dedos, tu boca, tu sexo, los que me dan el más maravilloso de los placeres convertidos en unos intensos e inimaginables orgasmos.
Me enloquecía sentir el hambre de nuestros cuerpos, la sed por devorarnos las bocas, la necesidad por acoplar nuestros sexos. Quería oler a tu lascivia y empacharte de mi pasión en la locura de tus madrugadas, que tú fueras la razón de mis sueños y hacernos el amor hasta que el amanecer nos cubriera exhaustos de nosotros mismos.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

MON PETIT

Llevaba meses detrás de pasar un fin de semana en Paris y por fin llego el ansiado momento, una de mis mejores amigas tuvo un imprevisto de última hora y no me pudo acompañar, pero eso no fue motivo para que yo anulara el viaje, por otro lado no me importaba estar sola en la ciudad del amor, no precisamente allí, una ciudad llena de posibilidades para disfrutar al máximo, más bien seria que el tiempo pasaría volando y yo me quedaría con ganas de mas... Ya alojada en un hotelito bastante romántico por cierto, me dispuse a pasear por la ciudad, no tenía prisa ni nada en concreto que visitar, pues no era mi primera estancia en Paris, por lo que decidí relajarme entre sus calles y avenidas mezclándome entre la gente, disfrutando del colorido de las floristerías que sacan a las aceras cientos de flores y plantas a cual más impresionante, o de impregnarme en el aroma que salen de las pastelerías, donde sus escaparates invitan a pasar a su interior para deleitarse con todo tipo de dulces. Tras un largo paseo decidí hacer un descanso en algún estupendo café de los que esta ciudad ofrece a sus viandantes, tenía sed y me apetecía tomar algo, por suerte encontré uno precioso, situado en un lugar único, en el corazón del Louvre, bajo las arcadas y al frente de la gran pirámide. Ubicado en uno de los ambientes más encantadores de París, sus salas habían sido decoradas al más puro estilo Napoleón III, y su fabulosa terraza sombreada abierta al carrusel daba al establecimiento un ambiente bastante elegante. Me acomodé en una de las mesas de la amplia terraza, mientras esperaba al camarero observé a mi alrededor, el sol estaba radiante, la temperatura era muy agradable, motivo para que las terrazas estuvieran concurridas de gente, cerca de mí, justo dos mesas por delante, había un grupo de hombres tres en concreto, más o menos de mi edad, me di cuenta que el del centro me miraba fijamente, algo que me llamó la atención pues mientras que los otros charlaban el permanecía en silencio con la mirada fijamente en mi. Llegó el camarero, le pedí para tomar un café con leche y una porción de tarta de manzana, mi francés no es que sea muy fluido pero si es lo suficiente para defenderme en este tipo de cosas, además por suerte mi teléfono lleva traductor lo cual siempre es una ayuda. Por un momento me olvidé del desconocido pero tenía la sensación de que estaba siendo observada, con la ventaja de mis amplias gafas de sol pude mirar de nuevo disimulando la intención, dos de los hombres se habían ido, solo quedaba el del centro y esta vez no solo miraba sino que hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo sonriendo a la vez, yo me hice la despistada, en ese momento llegó el camarero con el encargo. Entre sorbos de café y bocaditos de pastel empezó un cruce de miradas cada vez más insinuantes. Se levantó de golpe encaminándose hacia mí, lo que veía me gustaba cada mas, se acercaba, era un hombre alto, delgado, pero de hombros anchos seguramente consecuencia de horas de gimnasio; su pelo negro, largo, y rizado llamaba la atención, era evidente que lo tenía bien cuidado, se paró justo en frente de mi a la vez que se quitaba las gafas, dejando al descubierto unos enormes ojos negros poblados de unas espesas pestañas, un hombre muy atractivo de tez morena y barba de varios días... -Bonjour belle dame! Parlez-vous français?(Buenos días bella dama, ¿habla usted francés?).
-Bonjour monsieur! Oui,un peu.(¡Buenos días caballero! Sí, un poco).
-Êtes-vous en espagnol! Je parle un peu, nous comprenons, bien sûr ... «Je peux?
(¡Es usted Española! Yo hablo un poquito, nos entenderemos, seguro... ¿puedo?).
Apartó una silla con la intención de sentarse.
-Oh oui, s'il vous plaît...(Oh sí, claro, por favor...).
-Merci (gracias).
A continuación comenzó una conversación mezcla de francés y español la cual nos permitía comunicarnos sin ningún problema. Tras una charla de lo más interesante y divertida decidimos dar un paseo. Desde la plaza central nos dirigimos hasta Le jardin des Tuileries (El Jardín de las Tullerías). Es un vasto jardín abierto al público que ofrece unos bonitos paseos. Se sitúa en un enclave muy concurrido de París: entre la Plaza de la Concorde y el Museo del Louvre. Así que, aunque no quieras te topas con él. Muchos bancos y sillas a lo largo del jardín permiten sentarse tranquilamente a disfrutar del entorno.
Sin darnos cuenta nos adentramos por una zona de bastante vegetación y poco concurrida de gente, la conversación cada vez era más insinuante, sus miradas penetrantes y su dulce acento me tenían bastante excitada, entramos en un juego seductor, entre palabras y gestos la conversación iba subiendo de tono, los instintos se alteraban, el deseo de ambos se palpaba, traspasaba la piel mordazmente y asfixiaba, un escalofrió me recorrió por todo el cuerpo cuando de un impulso me apoyó sobre un árbol, susurrándome:
-Je souhaite que mon petit ... (Te deseo, mi pequeña...). Su boca se precipitó sobre la mía, con su lengua abría mis labios suavemente, después como un animal hambriento se sumergió sobre ella entremezclándose las salivas, las ganas, los besos... Con sus manos abrió mi abrigo y un par de botones de mi blusa, sus labios se deslizaban por mi cuello hasta buscar mis pechos, uno de mis pezones quedo al descubierto, su botón rosado se izaba firme, con su lengua lo acarició y con su dedo rodeó toda la aureola, los sacó por encima del sujetador, tocándolos, besándolos, lamiéndolos con ansia, yo sentía que me deshacía entre suspiros, sus manos resbalaban por mi piel bajo mi falda incendiando mi carne, embriagando de deseo mi sexo que aguardaba impaciente. - Je vais faire l'amour, mon petit ... (Te voy a hacer el amor mi pequeña).
En un arrebato de avidez abrió mis piernas y de una sola embestida me poseyó; una explosión de placeres evaporaron mis sentidos, mis piernas estrangulaban su cintura, mis uñas se clavaban como garfios a sus hombros, la pasión empujaba nuestras caderas en un ritmo de fuego que abrasaba las entrañas, la necesidad por acoplar nuestros sexos, por empacharnos de nosotros mismos era bestial...
-Ne cessez pas de mon amour, ne vous arrêtez pas ... (No pares mi amor, no pares...).
-¡ohh ma petite!
-Mon petit... El sol caía a muestras espaldas con un rojo exultante, reflejo de nuestro deseo carnal, ajenos al mundo nos dejábamos colar por las rendijas de la desmemoria, dibujando placeres entre temblores, desbordados de orgasmos voraces, ardientes, insaciables, hambrientos de vida...

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miércoles, 6 de octubre de 2010

DULCE PECADO II

Dicho esto se abalanzó a mi boca con la misma fuerza que lleva un tapón de champán cuando lo descorchan. Sus manos desabrocharon los botones de mi camisa impulsivamente, acariciando a su paso todo lo que encontraba, sus labios ardientes ya recorrían mi cuello e hizo una parada entre mis pechos, los sacó delicadamente por encima del sujetador, comenzó a besarlos y a lamerlos con tal ansia que pareciera que jamás antes lo hubiera hecho. Desocupó la mesa con rapidez y me tumbó en ella, yo, suelo ser bastante apasionada en mis encuentros sexuales, pero esta vez decidí abandonarme a sus deseo, me dediqué a disfrutarle... Sentí como sus manos se deslizaban por mis piernas a la vez que subía mi falda hasta mis caderas, comenzó a besarme justo por encima del triangulo de mi tanga, su boca jugaba con los cordones de la tela, hasta que decidió retirarlo por completo dejando mi sexo totalmente al desnudo y a su plena disposición, se sentó en su sillón justo frente a mí, cogió con delicadeza mi pierna izquierda posando mi pie justo en uno de los brazos del sillón, después hizo lo mismo con la derecha, y como si lo tuviera ensayado sus manos se engancharon a mis muslos como garfios a la vez que su cara se hundía allí justo, en el epicentro de mi cuerpo,donde yo reventaba en hervores y vapores, donde creando espirales de lujuria con su lengua se curvaba mi cuerpo de un inmenso placer, logró que perdiera la noción de todo lo terrenal, sumida por la gran excitación que en ese momento me estaba haciendo sentir, era como si su sangre y la mía circularan por el mismo torrente sanguíneo, él sumido en la voracidad de la más intensa pasión y yo revolcándome de delirio en la antesala de un orgasmo inminente. Así fue, un latigazo de placer me recorrió entera quebrando mi cuerpo entre gemidos y suspiros, dejándome sin aire y a la mas inevitable fragilidad, no podía apenas hablar y con bastante esfuerzo me incorporé, el bajó mis pies al suelo, entonces se levantó del sillón, me volvió besar, esta vez su boca era más agresiva, el sabor impregnado de mi sexo volvió a excitarme y en cuanto a él, era notorio como el sudor de su cuerpo se había pegado en la espalda de su camisa, su piel ardía, su fastuosa erección era más que evidente, su pene estaba pidiendo ser liberado urgentemente, así lo hice, desabroché su cremallera e introduje mi mano en su interior, palpando su pene y bajando a sus testículos, él se bajó su pantalón y su bóxers a la vez, lo empuje a su sillón logrando que se sentara, y me dispuse a lamer su imponente falo, jugaba con mi lengua recreándome en su glande, lo engullía y lo abandonaba para bajarme a sus testículos, a él este ritual le encantaba, notaba su aprobación con su mirada donde se reflejaba su lascivia contenida, de un impulso me levantó por los brazos incorporándose a la vez, me tumbó de nuevo en la mesa pero esta vez boca abajo, mis manos se agarraron al borde de la mesa mientras que las suyas sujetaban con fuerza mis caderas, desnuda de cintura para abajo lamio mis glúteos y mi sexo desde atrás, llevándome de nuevo a enloquecerme de deseo, rozaba suavemente su pene contra mis nalgas, en el preludio de una inminente penetración, la cual no tardo en aparecer, entró en mi delicadamente apretándome todo lo que podía contra si, mientras yo sentía como su pene se acoplaba a mi vagina, parecía que le hubieran hecho a medida para ella, esa sensación me excitó bastante, sentirme tan llena, tan penetrada, dos cuerpos enlazados por sus sexos, hambrientos de ellos mismos, incansables de darse placer mutuo... Empezó a moverse de forma lenta pero a medida que su excitación crecía se aceleraban sus movimientos que pasaron de ser suaves a casi salvajes, su aliento como fuego ardiente se clavaba en mi nuca, vistiendo la pasión de rojo vivo, sus gemidos indujeron a los míos, provocando en mi un estado de exaltación que me incitó a suplicarle con palabras subidas de tono, palabras que no solo le encantaron sino que lo incitaron a unirse al juego.
Su lascivia desvistieron las borrascas de su cuerpo en la ingravidez de un tiempo suspendido entre relojes sin agujas, su cuerpo se convulsiono, sus manos se clavaban en mis caderas mientras gemía como un animal hambriento por saciarse, se derramó por completo dentro mi, entre espasmos de placer llegó a la culminación de su orgasmo. Permaneció inmóvil durante unos breves instantes, su respiración entre cortada delataba aun la fatiga de su cuerpo, pero no quiso demorar ni un momento más lo que por su cabeza le rondaba, salió de mi, a la vez que me incorporaba por los hombros, esta vez me sentó en el sillón, se puso de rodillas frente a mí, abrió mis piernas y con nuevas fuerzas renovadas empezó a lamer de nuevo mi sexo, húmedo hasta la saciedad por la mezcla de fluidos, se recreo con su lengua en mi clítoris, jugando a reventar deseos, mi cuerpo arqueado solo obedecía a los impulsos de su boca, mis manos se aferraban a su pelo, mordiéndome los labios de puro gozo me elevó entre nubes de caricias al momento sublime do
nde explotaba en placer...
Desde ese día se convirtió en el vicio de mis vicios, cada vez que nos cruzábamos las miradas y las sonrisas llevaban mensaje secreto, nuestros cuerpos reaccionaban con el simple roce de unos dedos, código perfecto del hambre de su carne, de la sed de mi sexo. Yo su lujuria, él, mi más dulce pecado…


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miércoles, 29 de septiembre de 2010

DULCE PECADO I

"Dicen que para amar con toda el Alma hay que pecar con todo el cuerpo...". Pero hablando de pecados, hay algunos que merecen la pena caer en la tentación de probarlos, como es el de la lujuria, de esto último me confieso pecadora perdida, de las que ya no tienen absolución, asumo la "Mea Culpa" porque hay cosas que a esta simple mortal no le pasan desapercibidas y espero que nunca cambie en esto mi aptitud, creo que simplemente son síntomas de vida y yo me siento apasionadamente viva...
Era un día más en la oficina, el mismo trabajo, las tazas de café continuas, las bromas de los compañeros graciosos y las mismas prisas por terminar los informes, excepto por un especial acontecimiento, de repente se abrió el ascensor y apareció el jefe de personal acompañado de otro hombre, alto, moreno, elegantemente vestido, con aspecto varonil de esos de anuncio de perfumes y sobre todo, rabiosamente joven... Se trataba del nuevo gerente del departamento de recursos humanos que recién se incorporaba a la empresa. Pasó por delante de los despachos de camino al suyo dedicándonos una sonrisa amigable pero a la vez seductora, para nadie pasó inadvertido este nuevo personaje, sobre todo para las chicas que rápido hicieron comentarios sobre él, su llegada inevitablemente se convirtió en la noticia del día... Las semanas fueron pasando en su normalidad, algunas veces coincidíamos en los pasillos donde nos sonreíamos a la vez que se cruzaban las miradas de forma penetrante o por la petición de algún que otro informe que yo misma debía entregarle en su despacho, algo que me encantaba hacer, pues no podía evitar electrificarme cada vez que él revisaba mi entrega , mientras yo esperaba su aprobación disimuladamente y de reojo recorría toda la geografía de su cuerpo, su voz tan masculina me embelesaba, ese hombre despertaba mi cuerpo de una forma asombrosa, casi obsesiva y era inevitable que mientras él me hablaba yo me perdiera en alguna que otra fantasía donde ambos éramos los protagonistas. Yo tampoco le era indiferente, en más de una ocasión le sorprendí embobado en mi escote o en el cruce de mis piernas cuando esperaba sentada, el caso es que cuando estábamos juntos en el ambiente flotaba pura atracción. Uno de nuestros principales clientes nos hizo un encargo de última hora y como suele suceder siempre en estos casos la entrega era en tiempo límite. Mi jefe me pidió personalmente que me ocupara del proyecto y eso significaba que debería trabajar en fin de semana, algo que no me hizo ninguna gracia, pero no podía negarme pues la causa estaba más que justificada.
Era sábado, el reloj marcaba las ocho de la mañana, el silencio reinaba en los despachos, aprovechando esa calma me dispuse hacer mi trabajo en la mayor brevedad posible. La mañana iba avanzando satisfactoriamente, llevaba más de la mitad del proyecto, un último esfuerzo y quedaría todo prácticamente terminado, salvo repasos de última hora, cuando algo me distrajo del ordenador, era un ruido de pasos que se acercaba cada vez más cerca de mi despacho, pensé en el guardia de seguridad, pero este los sábados no trabaja, hasta que por fin una som
bra apareció por la puerta y al unisonó de una voz dijo:
- ¡Hola! No sabía que estabas aquí.
Era él, el joven guapo y apuesto, yo aun estaba asustada pero poco a poco mi semblante fue pasando del m
iedo a la satisfacción.
- ¡Qué susto! ¡Hola! Pensaba que estaba sola y casi me da algo al oír los pasos.
- Lo siento... Yo también creía estar solo, no te oí llegar. He venido a adelantar trabajo, mi mesa está llena de informes que poner al día. ¡Oye! ¿Te gusta la comida China? Acabo de encarga por teléfono, me disponía a ir a la entrada, esta al llegar.
En ese momento sonó la puerta, la comida llegaba, se dirigió hacia ella, a su vuelta volvió a comentar:
- No me has dicho si te gusta, podemos compartirla, he pedido de sobra.
-¡0h! Sí, sí, me encanta, gracias.
- Pues no se hable más que se enfría, vamos a mi despacho.
Yo le seguí igual que un perrito sigue a su amo, esperando con la misma impaciencia la galletita que se acababa de ganar.
Hizo sitio en su mesa, depositó los envases y me dio unos palillos chinos, yo me senté en una esquina de la misma, él justo en la otra, así lo teníamos todo más a mano.
Durante la comida charlamos bastante sobre cosas muy diferentes, de forma muy agradable, sin darnos cuenta habíamos creado un ambiente en el que cada vez nos sentíamos más cómodos. Terminamos de comer, recogimos todo. Me ofreció un café de la maquina del pasillo, yo lo acepté, pues soy una cafetera empedernida, volvió con los vasos, de nuevo se sentó en la mesa, pero esta vez a mi lado, tan juntos que los brazos se rozaban constantemente, sus ojos se clavaron en los míos y el deseo se palpaba. De repente se pronunció:
- Sabes, llevo días preguntándome ¿A qué sabrán tus labios? ¿Cómo serán tus besos?
Yo contesté sutilmente:
-Ahora mismo a café y en cuanto a mis besos puedes comprobarlo tu mismo, si te apetece...

Continuará...

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domingo, 1 de agosto de 2010

INTIMAMENTE TUYA...

Es curioso lo que puede llegar a suceder en el interior de una habitación. A espaldas del mundo arde la piel. Infinitos sentidos penetran en la mente. Las partículas del tiempo se convierten en segundos, rompiendo las horas de un comienzo y fin, donde se conjuga una historia a corto, medio y largo plazo...













Sentir que muero y vivo cuando moldeas mi cuerpo, amante majestuoso. Que enmarañas, desdeñas y cubres mi vientre desnudo de besos, jugosos, cónicos, verticales, espirales... Los tejes entre dos vientos a las alas de mi alma, con el único propósito de llegar hasta mi boca, tan necesitada, tan ansiosa... Regalándome fluidos que se mezclan y absorben el delirio de unas lenguas, enredadas entre roces, danzando sonrojadas al juego del encuentro, síndrome perfecto que enferma todas las texturas y las tesituras de mi cuerpo, quebrando mi consciencia y mi inconsciencia en la debilidad.
Mientras él adivina mi apetito voraz, sus manos grandes aprietan mis pequeños pechos en su justa medida. Ni fuerte ni flojo, ni mucho ni poco. Lo suficiente para que el botón rosado de mis pezones florezca amenazante, desafiando a las caricias de la humedad de su boca, estallando en acordes de delirio.
Y así, libera sus manos, que ya resbalan por mis costados y bajan decididas a sujetar mis caderas que, mimosas, se contonean en la trama de que caiga entre mis piernas. Dulce delicia que deleita a mi sexo, que espera embravecido, lúbrico de deseo, que quiere su boca, sus dedos, su lengua, su falo imponente...
Quiere todos los placeres, existentes, los que en este mundo solamente él me puede dar. Sumida en el ocaso, perdida en los instantes donde me roba voluntades, su tacto se hace dueño arrebatándome la equidad de mi identidad. Y me rindo a sus caprichos, emanando placer por cada poro de mi piel, erizando terciopelos acoplados entre el espasmo de un orgasmo que me sumerge, me sorbe, me respira y desemboca en la inercia de sus labios. Desnuda de su carne, me despoja y me arropa con su olor quebrado de pasión, quedando tatuado mil veces en mi ser.
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domingo, 11 de julio de 2010

MAR,PIEL,SOL...


Baila descalzo sobre la arena,
deja que tus pies se cubran de espuma,
que el sol te seduzca dorando tu piel,
permítele al viento que acaricie tu pelo,
mientras yo te pensaré.
Ya te echo de menos…

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¡FELIZ VERANO!