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domingo, 25 de marzo de 2012

LA LINEA DEL DESEO
























Aterrizas en mi piel
a golpe de besos,
tu voz quebrada
desviste mi sonrisa
rompiendo los silencios.
La línea del deseo
cincela escalofríos
en las oquedades de mi cuerpo,
y te instala en el ruido de mi lluvia,
en la marca de mi sombra que te nombra
cuando me cubres de placeres
que moldeas con tus manos,
adictivo efecto que me impregna con roces
de pasiones nuevas,
caricias clandestinas
que me hacen caer una y otra vez
en la embriaguez, de los colores de tu vino.
A golpe de besos,
aterrizas en mi piel…

Amanteceres
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sábado, 4 de diciembre de 2010

EVOCACIÓN

Eran las nueve de la mañana en España, me encontraba en casa, aun acostada aunque despierta, pues estaba pendiente de mi móvil, esperando ansiosa cualquier señal tuya. El teléfono sonó, me saludaste con unos buenos días, yo contesté en voz baja entre pudorosa y sensible, aun no estaba acostumbrada ni a tu voz ni a tus llamadas, todo era tan nuevo…
Te encontrabas por cuestiones de trabajo en Senegal, en ese momento en la habitación del hotel donde te alojabas, me preguntaste - ¿qué haces? Yo conteste, - aun estoy en la cama y solté una carcajada nerviosa, tú sonreíste también y añadiste – pues yo estoy en la bañera tomando un baño caliente, hago tiempo hasta que vengan a recogerme.
Yo empecé a reconocer el sonido del agua cuando agitabas tus manos, te comenté que también me bañaría cuando me levantara. Mi imaginación aprendió a volar en aquella época. Nos dedicamos una conversación deliciosa donde las preguntas y las respuestas eran absolutamente insinuantes y seductoras, algo especial nos estaba ocurriendo y su definición adoptaba nombre propio, deseo…
Al menos yo lo sentía en mi propio cuerpo. Mientras me hablabas y me contabas anécdotas de tu viaje, no podía dejar de imaginarte en esa bañera, desnudo, tu mano jugando con el agua, derramándola por tu pecho a la vez que me preguntaba cómo sería tu cuerpo, grande seguro, blanco de piel, de espaldas anchas y vello rubio al igual que tu pelo, apoyado en un costado de esa bañera llena de espuma que acariciaba tu piel.
Mi cuerpo empezó a reaccionar, cuando me quise dar cuenta estaba fuera de las sabanas, uno de mis pechos se había salido por el escote de mi mini camisón y su pezón eréctil reclamaba caricias. Obedeciendo a los estímulos que en ese momento se repartían por todo mi ser, empecé a acariciarme, con los ojos cerrados, embobada
en tus palabras, a veces hacías pausas como cuando no se sabe que decir y a la vez se quiere decir todo, entonces yo reaccionaba apurada porque no te percatases de mi estado. Esa mañana me arrastraba entre los sentires de una excitación incontrolada y la idea de sentirte desnudo, tan cerca y tan lejos de mí, yo quería pasar al otro lado, ser el agua, tu gel, ser la esponja que rozara tu cuerpo mojado, para más tarde ser la toalla que secara tu humedad, pararme en tus labios y sumergirme en tu boca, descifrando sabores…
Me costaba procesar todo lo que estaba sintiendo y descubriendo, tanto de mí como de ti, ese deseo me embriagaba por completo, enseñándome caminos nuevos donde mi sexualidad parecía acabarse de conocer, en una edad donde sentía que mi cuerpo hervía en pasiones nuevas, y me llevaban al más salvaje deseo que jamás había sentido por un hombre, asustada y a la vez maravillada, decidí dejarme llevar por las experiencias que se presentaban, comencé a descubrirme, a vivir una nueva intimidad donde mi sexo y yo éramos cómplices absolutos de la lascivia que provocabas en mi cuerpo.
Unos golpes sonaron en la puerta, tú asombrado dijiste: - Vienen a buscarme, te tengo que dejar, luego te volveré a llamar. Yo aun atontada por tanto sentir te dije – Vale, espero tu llamada. Un beso...
Nos despedimos.
Aun en la cama, mis manos recorrieron mi cuerpo, eran como si tuvieran vida propia y ni yo misma las pudiera controlar, al llegar a mi sexo este estaba hinchado, caliente, tan lleno de deseo que al tocarlo mi dedo se hundió en su profundidad, calado de mi excitación comencé a acariciar mi clítoris y ahí empecé a disfrutar del ritual de pensarte y dedicarte mis orgasmos, mientras que imagino que son tus dedos, tu boca, tu sexo, los que me dan el más maravilloso de los placeres convertidos en unos intensos e inimaginables orgasmos.
Me enloquecía sentir el hambre de nuestros cuerpos, la sed por devorarnos las bocas, la necesidad por acoplar nuestros sexos. Quería oler a tu lascivia y empacharte de mi pasión en la locura de tus madrugadas, que tú fueras la razón de mis sueños y hacernos el amor hasta que el amanecer nos cubriera exhaustos de nosotros mismos.

Amanteceres
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miércoles, 24 de marzo de 2010

Escalera de Deseos...

Por fin llegó el viernes después de una intensa semana de trabajo quería recuperarme un poco y a la vez tenía la necesidad de divertirme, curiosamente ese mismo día estaba invitada a un cumpleaños de una amiga y compañera del trabajo, María conocedora de mis despistes, se aseguró de que no faltara llamándome a casa para recordarme la hora “a las 21 horas no te olvides...".Acudí a la fiesta de cumpleaños puntualmente, vestida con un bonito vestido abotonado hasta las rodillas y unas sandalias de color negro con un considerable tacón, no sé porqué razón pero mi instinto me decía que debía ir elegante. Me abrió la puerta Pedro, el marido de María, la casa estaba llena de gente y decorada con muchos globos de colores, parecía una fiesta infantil… La cumpleañera al verme salió a recibirme toda emocionada, ¡Has venido! No lo tenía yo tan seguro añadió a la vez que me dio un enorme abrazo, la entregué un pequeño obsequio, unos pendientes, los cuales unos días antes saliendo juntas del trabajo vimos en un escaparate y ella quedó prendada de ellos; al verlos empezó a gritar de alegría y terminamos volviéndonos a abrazar y a darnos un enorme beso, mientras esto sucedía observé que al fondo del salón alguien sonreía, un hombre de unos 45 años de edad, alto, rubio, de ojos claros, bien vestido, en conjunto resultaba un hombre muy atractivo, se acercó a nosotras, entonces María me lo presentó, resulto ser un primo de ella que vivía en el extranjero, concretamente en Dublín, y estaba casualmente en España por motivos de trabajo. En ese mismo instante conectamos, primero las miradas y después no dejamos de conversar y de sonreír, la noche iba pasando rápida, al igual que las copas de un delicioso vino que ofrecieron en la cena y provocaron en mí un toque alegre y desinhibido.
Después de cenar pusieron música para bailar, sonaba una balada, él cogió mi mano y mirándome fijamente a los ojos me dijo ¿me concedes este baile? Yo estaba ensimismada mirándole y tardé en reaccionar pero contesté, sí, bailamos, su cuerpo pegado al mío, sus manos
rodeando mi cintura y el aroma que desprendía su cuerpo varonil y bien formado, despertaron todos mis instintos de mujer, él me hablaba bajito, casi susurrándome algo que aun me excitaba más, yo no podía apartar la mirada de sus labios carnosos, rosados tan apetecibles que allí mismo los hubiera devorado, creo que él se percató de ello y aprovechó la ocasión para apretarme más fuerte contra su cuerpo , mis piernas empezaron a temblar, me sudaban las manos , la sangre bullía por mis venas, y a la vez por las suyas porque él estaba ardiendo, su respiración se fue alterando al igual que su pene, estaba notablemente empalmado, la música acabó y nosotros aun seguíamos abrazados hasta que reaccionamos,él disimuló el estado en que se encontraba ofreciéndome una nueva copa, la cual yo rechacé con la excusa de que ya era tarde y debía volver a casa, no sé muy bien porqué dije eso, los nervios me traicionaron, lo último que quería es apartarme de su lado, entonces el pronunció la necesitada pregunta ¿Quieres que te acompañe?, en ese momento se me iluminó la cara y rápidamente dije si, pues era lo que más deseaba, seguir con él…
Llegamos a casa, me acompañó hasta el último piso, yo vivo en un dúplex algo pequeño pero extremadamente coqueto, le invité a pasar, ofreciéndole tomar un café y el accedió encantado. Entramos directamente al salón, la parte de abajo es totalmente diáfana, cocina americana, y en el centro justo una escalera de madera que sube a la planta de arriba donde hay dos dormitorios y un baño; le indiqué que dejara el abrigo en un sillón del salón yo hice lo mismo con el mío y el bolso.

A continuación me senté en el segundo escalón para descalzarme, pues las sandalias recién estrenadas me estaban matando de dolor, le dije con una pequeña sonrisa disculpa pero si no me deshago de ellas no me muevo ni un momento más, el dijo ¡Espera!, déjame que te ayude, se arrodilló me cogió la pierna con delicadeza y
suavemente

desabrochó mi sandalia, descalzó mi pie y comenzó a masajearlo, después repitió la operación con la otra , yo estaba encantada con ello; Puso sus manos en mis tobillos y fue subiendo lentamente por mis piernas yo estaba paralizada por el efecto que me hacían sentir esas manos grandes y ardientes, llegó hasta la mitad de mis piernas , allí paró para desabrochar unos pocos botones de mi vestido dejando por completo mis muslos al descubierto, yo llevaba unos pantis pero sin ropa interior, suelo hacerlo siempre, el quedó absorto por el espectáculo, mi sexo húmedo pegado a esa licra transparente, su mirada era de fuego y en un impulso de pasión se abalanzó con sus manos hacia mis medias rompiéndolas salvajemente, mi sexo ahora estaba libre, a su plena disposición, en un ataque de lujuria comenzó a devorarle, su boca ansiosa lo engulló de un golpe para más tarde usar su lengua
cálida y húmeda que se bañaba de mi lubricidad, se dedicó a excitar mi clítoris mientras se ayudaba con sus dedos para hacerme vibrar de placer, yo creía tocar el cielo, jamás nadie me había comido mi sexo de esa forma tan hambriento de deseo, pero él tuvo que percibirlo y me abandono por un momento, terminó de desabrochar el vestido y lo arrancó de un tirón de mi cuerpo, sacó mis pechos por encima del sujetador y empezó a lamerlos poseído por ellos, esa lengua caliente en mis pezones me estremecía entera del enorme gozo que me producía , se retiró de nuevo, me levantó de la escalera dándome a la vez la vuelta, yo no sabía que iba a hacer, solo me dejaba llevar por esa bestia de deseo que estaba dominando todo mi ser, mientras con una mano me agarraba de la cintura con la otra noté como desabrochaba su cremallera, y allí entregada a su voluntad sentí como me penetraba de un solo golpe, sentí como su pene grande,duro y erguido se apoderaba de mi vagina llenándola por completo, yo quería gritar, me mordía los labios del placer que me producía ese enorme falo, pero mi disfrute acababa de empezar pues empezó a moverse lentamente mientras me sujetaba de las caderas , el movimiento

era delicioso pero poco a poco sus embestidas tomaron mayor tamaño, sentía como sus testículos pegaban cada vez con más fuerza contra mi , creía que su cuerpo traspasaría el mío en uno de esos movimientos, enloquecido llego a la cumbre de un inmenso orgasmo, yo sentía como se derramaba en mi interior, h
aciéndome cómplice de su gozo máximo, sin separarse ni un milímetro aun asfixiado por su enorme esfuerzo, me metió su dedo corazón en la boca y me dijo:
“Lámelo”,llénalo de saliva, yo acaté sus ordenes dócilmente y lamí gustosa ese dedo, después lo sacó y empezó a acariciar mi clítoris con él, mientras hacía movimientos pélvicos, su pene aun en mi interior, yo creí morir de deseo, deseo que esa mezcla me producía, mis jadeos y gritos iban en aumento hasta que ya no pude más y sucumbí en el más apetecible e intenso de los clímax que jamás había tenido, era casi insoportable , mis piernas se quedaron sin fuerza, apenas aguantaba la respiración, exhausta y al límite de desfallecer por el agotamiento salí de él de un solo tirón, volviéndome a sentar en el escalón, lo mire y aun extasiada le dije ¡Joder! ¿Así follas siempre tú…? , el sonrió y añadió ¿tomamos café?, yo contesté, tomamos café…

Amanteceres
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