Llegué a Tetuán a mediodía, justo para el encuentro con unos clientes de mi empresa y otros tres miembros de una empresa colaboradora, esta vez asistía sola, por suerte la reunión se celebraba en la sala de conferencias del hotel por lo que me permitió hacer el check-ing y darme una ducha rápida. El hotel estaba ubicado en una zona preciosa, justo en el corazón de la Kasbah, la parte mas alta de la Medina, la suite estaba situada sobre la terraza de la azotea, se podía disfrutar en ella de una pequeña terraza con vistas del estrecho y a los tejados de la medina. El baño disponía de un jacuzzi situado justo en la misma dirección a las vistas. El centro del hotel era el Hamman o baño turco, una delicia donde se respiraba el aroma de aceites y esencias árabes, evocando con su decoración a las historias de las mil y una noches.Aunque la reunión transcurrió satisfactoriamente se alargó más de lo esperado, por lo que tuvimos que comer en el restaurante del hotel para más tarde poder continuarla. Yo estaba contenta, había sido una buena operación, aunque agotada por tanta tensión acumulada, por lo que a su término decidí retirarme a descansar y no demorar mas tiempo en cortesías y cumplidos, desde que vi el Hamma no dejaba de pensar en darme una sesión de un masaje relajante con aromaterapia y en saborear un rico té a la menta.
Lo tenía decidido, pero antes de contratarlo subí a mi habitación para dejar los documentos, al entrar me sorprendió un intenso aroma floral, aunque todavía no había anochecido, las primeras sombras del atardecer se mezclaban en la habitación con las luces que irradiaban una hilera de velas blancas que se adentraban en el baño; decidí seguirlas, las velas no solo llegaban hasta allí, sino que continuaban rodeando el Jacuzzi que estaba conectado y todo espacio posible.
En el agua había ciento de pétalos de flores y un perfume exquisito emanaba de ella, a todo esto lo acompañaba una delicada melodía de piano que no sabia exactamente de donde salía, aún así no lo dudé ni un momento, sin hacerme ningún tipo de preguntas me desnudé y me sumergí en el agua que estaba a la temperatura perfecta, cerré los ojos y me dejé llevar… A los pocos minutos me sobresaltaron unas manos que me sujetaron por los hombros desde atrás a la vez que una voz varonil me susurraba:- No te asustes, tranquila, estoy aquí para hacerte disfrutar, solo tienes que dejarte llevar y relajarte, yo sabré cómo conseguirlo, si me dejas…
Cedí a su petición y comencé a relajarme. Me cubrió los ojos con un pañuelo, mientras me convencía de que de esa forma me concentraría mejor, y eso fue lo que hice, concentrarme en todo lo que a continuación sucedió.
Sentí como entraba en la bañera y se posicionaba justo a mi espalda estirando sus piernas en línea con las mías, tan pegado a mi que sentía su respiración en mi nuca. Comenzó a masajear mi espalda humedeciéndola antes con un gel de baño con olor a fresas, sus manos grandes pero delicadas se deslizaban lentamente por mi piel haciendo círculos con sus dedos, del cuello pasó a los hombros, bajando y subiendo lentamente por la curvatura de mi espalda, era como si sus manos tuvieran lenguaje propio y escribieran en mi piel palabras mojadas en pasión y deseo, pues esa fue la reacción que provocó en mi, un inmenso deseo… Me agarró con fuerza de las caderas y me llevó hasta su cuerpo, apretando mis nalgas contra su pene bestialmente erecto, como un cazador de tesoros, buscó bajo el agua mi sexo y de un impulso me penetró quedándose inmóvil dentro de mi, me rodeó con sus brazos y comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos, apretando mis senos con avidez a la vez que su boca mordía mi cuello ya ladeado y buscaba mis labios con ansias.
Nuestros cuerpos enfermos, calientes, rabiosos, desbocados, entraron en una vorágine de lujuria que le hizo llevar mis manos hasta uno de los bordes del jacuzzi para que me apoyara en el, su cuerpo cubrió el mió, acomodó mis nalgas a sus rodillas y volvió a penetrarme, sus manos cubrieron mis pechos apretándolos con fuerza, su lengua no paraba de lamerme los oídos mientras me susurraba palabras indecentes, a la vez que sus embestidas acrecentaban el ritmo cada vez más rápidas, salvajes y descontroladas , así, entre jadeos y gemidos su cuerpo se convulsionó cuando alcanzó un éxtasis de placer que lo dejó totalmente desvanecido.
Durante unos instantes solo sentía su respiración agitada, pero enseguida reaccionó, el sonido del agua me indicó que había salido de la bañera pues yo aun seguía con la venda en los ojos, de repente me incorporó sacándome al exterior y me rodeó con una suave y esponjosa toalla secando con ella mi cuerpo, me elevó entre sus brazos como si fuera una ligera pluma y me llevó hasta la cama, me acomodó entre almohadones cubiertos también con pétalos de flores, mis manos los rozaban, y allí , expuesta a su plena voluntad se desbordó de nuevo en caricias, esta vez envueltas en un aceite de esencia de canela. Comenzó por mis pies con un suave masaje, más tarde sus manos apretaban mis tobillos subiendo lentamente por mis piernas, recreándose en el interior de mis muslos, jugaba con sus dedos alrededor de mi sexo excitadísimo, creando espirales de deseo con cada roce, alterando mis sentidos, erizando cada poro de mi piel, envolviéndolos con el aromático liquido que me estimulaba y me producía el mas intenso de los gozos; llegó hasta mis senos, con un solo dedo rodeó sus aureolas rosadas hasta llegar al pezón eréctil, el cual acariciaba sumamente despacio, con tanta delicadeza que parecía temer romperlo, yo me curvaba de placer, entonces su boca se precipito a la mía, desembocando en un torbellino de pasión, enredándonos entre la humedad de nuestras lenguas, atándonos y desatándonos por momentos para poder respirar, para no asfixiarnos en nuestro propio d
eseo.Impulsivamente me abandonó para bajar derecho a mi sexo, dónde su lengua se hizo absolutamente dueña de la situación lamiéndolo con suma avidez, ayudado por su dedo índice se deslizó entre sus pliegues para mas tarde introducirse en el interior, mi humedad mezclada con sus fluidos acentuaban mas el grado de mi excitación, mientras él se saciaba sin descanso, yo me retorcía de goce entre suspiros y gemidos, apretando con fuerza las sabanas, mis ansias por llegar al orgasmo eran ya desmesuradas, sin apenas voz comencé a suplicarle, a implorarle que me llevara al final del trayecto, accedió a mi petición provocándome un intenso y dulce estallido de placer que me dejo totalmente exhausta.
Me quitó la venda delicadamente, las últimas luces del ocaso se colaban por el amplio ventanal bañando con un tono rojizo su figura en la penumbra, avivando aun más si cabe el brillo de sus impresionantes ojos verdes Lo que a contención seguidamente quedará guardado en nuestro recuerdo, solo puedo añadir, qué reímos, bebimos y cominos hasta empacharnos de nosotros mismos…
Mi vuelo de regreso salía a primera hora de la mañana, esta vez no viajaba sola, coincidía con los miembros de la otra empresa, embarcamos juntos, nos dieron asientos correlativos. Él estaba sentado al lado de la ventanilla, yo lo miraba aún con deseo, el reflejo del sol volvió a dar luz a sus intensos ojos verdes, me miró, y una sonrisa nos unió en la más absoluta complicidad...
Te echo de menos...



Me tumbó en el suelo y se dedicó 


rme. 

Ya alojada en un hotelito bastante romántico por cierto, me dispuse a pasear por la ciudad, no tenía prisa ni nada en concreto que visitar, pues no era mi primera estancia en Paris, por lo que decidí relajarme entre sus calles y avenidas mezclándome entre la gente, disfrutando del colorido de las floristerías que sacan a las aceras cientos de flores y plantas a cual más impresionante, o de impregnarme en el aroma que salen de las pastelerías, donde sus escaparates invitan a pasar a su interior para deleitarse con todo tipo de dulces. Tras un largo paseo decidí hacer un descanso en algún estupendo café de los que esta ciudad ofrece a sus viandantes, tenía sed y me apetecía tomar algo, por suerte encontré uno precioso, situado en un lugar único, en el corazón del Louvre, bajo las arcadas y al frente de la gran pirámide. Ubicado en uno de los ambientes más encantadores de París, sus salas habían sido decoradas al más puro estilo Napoleón III, y su fabulosa terraza sombreada abierta al carrusel daba al establecimiento un ambiente bastante elegante. Me acomodé en una de las mesas de la amplia terraza, mientras esperaba al camarero observé a mi alrededor, el sol estaba radiante, la temperatura era muy agradable, motivo para que las terrazas estuvieran concurridas de gente, cerca de mí, justo dos mesas por delante, había un grupo de hombres tres en concreto, más o menos de mi edad, me di cuenta que el del centro me miraba fijamente, algo que me llamó la atención pues mientras que los otros charlaban el permanecía en silencio con la mirada fijamente en mi. Llegó el camarero, le pedí para tomar un café con leche y una porción de tarta de manzana, mi francés no es que sea muy fluido pero si es lo suficiente para defenderme en este tipo de cosas, además por suerte mi teléfono lleva traductor lo cual siempre es una ayuda. Por un momento me olvidé del desconocido pero tenía la sensación de que estaba siendo observada, con la ventaja de mis amplias gafas de sol pude mirar de nuevo disimulando la intención, dos de los hombres se habían ido, solo quedaba el del centro y esta vez no solo miraba sino que hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo sonriendo a la vez, yo me hice la despistada, en ese momento llegó el camarero con el encargo. Entre sorbos de café y bocaditos de pastel empezó un cruce de miradas cada vez más insinuantes. Se levantó de golpe encaminándose hacia mí, lo que veía me gustaba cada mas, se acercaba, era un hombre alto, delgado, pero de hombros anchos seguramente consecuencia de horas de gimnasio; su pelo negro, largo, y rizado llamaba la atención, era evidente que lo tenía bien cuidado, se paró justo en frente de mi a la vez que se quitaba las gafas, dejando al descubierto unos enormes ojos negros poblados de unas espesas pestañas, un hombre muy atractivo de tez morena y barba de varios días...
-Bonjour belle dame! Parlez-vous français?(Buenos días bella dama, ¿habla usted francés?).
- Je vais faire l'amour, mon petit ... (Te voy a hacer el amor mi pequeña).
Dicho esto se abalanzó a mi boca con la misma fuerza que lleva un tapón de champán cuando lo descorchan. Sus manos desabrocharon los botones de mi camisa impulsivamente, acariciando a su paso todo lo que encontraba, sus labios ardientes ya recorrían mi cuello e hizo una parada entre mis pechos, los sacó delicadamente por encima del sujetador, comenzó a besarlos y a lamerlos con tal ansia que pareciera que jamás antes lo hubiera hecho. Desocupó la mesa con rapidez y me tumbó en ella, yo, suelo ser bastante apasionada en mis encuentros sexuales, pero esta vez decidí abandonarme a sus deseo, me dediqué a disfrutarle... Sentí como sus manos se deslizaban por mis piernas a la vez que subía mi falda hasta mis caderas, comenzó a besarme justo por encima del triangulo de mi tanga, su boca jugaba con los cordones de la tela, hasta que decidió retirarlo por completo dejando mi sexo totalmente al desnudo y 

Empezó a moverse de forma lenta pero a medida que su excitación crecía se aceleraban sus movimientos que pasaron de ser suaves a casi salvajes, su aliento como fuego ardiente se clavaba en mi nuca, vistiendo la pasión de rojo vivo, sus gemidos indujeron a los míos, provocando en mi un estado de exaltación que me incitó a suplicarle con palabras subidas de tono, palabras que no solo le encantaron sino que lo incitaron a unirse al juego.






Esa noche queríamos pasarla juntos, era San Juan , noche de fuego, misterio y hogueras, a mí siempre me había parecido mágica y no sé porque me inspiraba un toque de romanticismo y sensualidad, pero a la vez hay algo especial en ella que activa mi instintos sexuales... Una vez más por cuestiones laborales los planes se nos vinieron abajo separándonos a cientos de kilómetros.
Yo le empecé a explicar con todo detalle, aunque muy despacio, su respiración cada vez aumentaba más y a mí me temblaba la voz de la excitación que me producía oírlo.
Paró en mi abdomen para dirigirse lentamente hacia mi ombligo, allí se detuvo , yo solo deseaba que llegara a mi sexo, creo que el notaba mi impaciencia y por ese motivo intentaba alargarlo para que mi excitación fuera máxima; por fin se fue acercando, poco a poco, hasta llegar a él, su dedo índice bajo lentamente haciéndose paso entre mis labios henchidos de deseo, colándose en su apertura, donde la más ardiente humedad lo esperaba, impregnándose de ella buscó el botón delicado del deseo, mi clítoris, que esperaba exasperado ser acariciado, en un vaivén de movimientos circulares, suaves e intensos, alteró todo mi ser, ya no tenía consciencia , solo era mi cuerpo, la luz de las velas y su voz... Los músculos de mi cuerpo se contraían entre sacudidas de placer, ambos estábamos al límite, podía oír sus fuertes jadeos como si estuviera allí mismo, envueltos en una pasión desmedida, entre espasmos y convulsiones por el más intenso de los placeres que jamás pudiéramos haber imaginado, en un último esfuerzo nos abandonamos al deseado clímax, fuerte, intenso, único... Mientras se apoderaba de mi pude sentir como un inmenso orgasmo le agotó por completo hasta su propia voz, solo quedaron los gemidos sofocados de ambos como consecuencia de una de las mas deliciosas de la experiencias vividas por los dos.
En la calma, me preguntó: - ¿cómo estás? yo me eché a reír, pues en ese momento fui consciente de mi verdadera situación, estaba totalmente atravesada en la cama, me incorporé, mis piernas colgaban por unos de los laterales, aun confundida, aun impactada, sensible en extremo...volvió a preguntar - ¿Qué haces? ,contesté, -estoy sentada en el borde de la cama, -¿Cómo estás ahí?, -No lo sé... El soltó una sonrisa y de nuevo haciéndose el dueño absoluto de la situación, el dueño absoluto de mi voluntad con esa voz dulce y penetrante que todo lo puede y se apodera de mí, añadió: -Túmbate de nuevo, aun no hemos terminado amor... Hoy es nuestra noche, hoy quiero saciarme de tu fuego...
