Después de varios años de amistad, de compartir momentos estupendos con amigos en común, se decidió a invitarme a su casa a cenar. Él era un hombre bastante carismático, atractivo y elegante, siempre tenía en sus labios una estupenda sonrisa, de esas que impactan, que te atrapan y te preguntas ¿qué sabor tendrá...?
Allí estaba yo, a la hora convenida, todo estaba preparado, un ambiente ideal de luces y música, una mesa elegante y una cena de gourmet en la que nos deleitamos con varias delicatessen.
Al poco tiempo tuve la sensación de estar con otra persona, descubría detalles en él que para mi eran totalmente desconocidos o quizás al estar siempre acompañados con otras personas pasaron desapercibidos, lo que estaba claro es que este nuevo hombre me estaba conquistando...
Terminamos de cenar y pasamos a otra parte del salón, donde me indicó que me sentara en un inmenso sofá blanco, el se fue para la cocina y al rato apareció con una caja de bombones, una cubitera y una botella de un riquísimo champán rosado de una marca bastante conocida. Preguntó: - ¿Te gusta, verdad? No sé si fue casualidad o quizás el ya lo sabía pero la cuestión es que de todas las bebidas que puedan existir en el mundo, esta es mi favorita. Brindamos mirándonos fijamente, después desenvolvió uno de los bombones con tanta delicadeza que yo me quedé abstraída en el movimiento de sus dedos, acercó el bombón hacia mis labios, yo mordí una parte y él se llevó el resto a su boca, al momento caímos en la inercia de nuestros labios, prendidos por una pasión recién descubierta o quizás lo lleváramos dentro desde hace tiempo y hasta ese momento no supimos expresarlo. Ansiosos de nosotros mismos nos comíamos a besos, las lenguas ávidas de deseo se fusionaban en la mezcla de nuestros jugos y el chocolate.
Entre besos y caricias me llevó a su dormitorio, se sentó en el borde de la cama, yo lo miraba nerviosa pero decidida a dejarme llevar por ese torbellino de sensaciones que estaban naciendo entre los dos y cada vez se hacia más fuerte. Me observaba de arriba abajo, y con la voz más sensual que jamás había oído dijo: -Desnúdate… 
Yo accedí a su petición, pensando que era un simple capricho. Me fui despojando poco a poco de mi ropa, que iba dejando caer sutilmente en una inmensa alfombra que se extendía a los pies de la cama, él la iba recogiendo y colocándola perfectamente estirada a su lado. Ya completamente desnuda lo miré fijamente, estiró los brazos e hizo un movimiento con sus dedos indicándome que me acercara hacia él, asiendo mis caderas como garras apoyó su rostro en mi vientre, su respiración traspasaba mis poros incendiándome por dentro, se dedicó a dibujar mi cuerpo con sus manos, recorriendo casi con precisión cartográfica los pliegues de mi piel, dejando una senda brillante con la saliva que iba desprendiendo de su boca al besarme. Se incorporó conduciéndome a la vez hasta un comodín con un inmenso espejo que justo había detrás de nosotros, apoyándome de pie en él, cogió mi ropa y como si de un ritual se tratara empezó a vestirme, yo lo miraba extrañada, pero no pregunté nada, la tibieza de sus manos subiendo por mis tobillos al introducir mi tanga me tenían extasiada de deseo, lo colocó perfectamente, casi ajustando a milímetros los dos cordones negros que se sujetaban con mis caderas. Continuó con el sujetador, parecía que toda su vida se había dedicado a abrochar estas prendas por la precisión con que lo hizo. Después suavemente introdujo uno de mis pies en una media, lenta y delicadamente la iba subiendo hacia mis muslos, los cuales se erizaron al colocar la blonda de encaje por un simple roce de sus dedos a mi sexo que ya estaba notablemente húmedo por la excitación, hizo lo mismo con la otra pierna, pero esta vez fue premeditado un nuevo contacto de sus dedos, buscaba excitarme y lo estaba consiguiendo. Acomodó mi pie derecho en su rodilla, recreándose lascivamente besó mi empeine y mi tobillo, más tarde encajó mi pie en uno de mis zapatos con tal delicadeza y mimo que pareciese ser de puro cristal, luego hizo lo mismo con el otro pie.
Se incorporó para enfundarme de nuevo en mi vestido, una larga cremallera en la espalda lo ceñía completamente a mi cuerpo, acarició con las yemas de los dedos mis hombros a la vez que con sus dientes mordía delicadamente mi cuello, sus manos abiertas se deslizaban lentamente hacia mis pechos y haciéndose hueco a través del escote se colaron en su interior, mí piel se erizaba entre un sin fin de caricias, sus labios seguían jugando en mi cuello, sentía el calor de su cuerpo adosado a mi espalda y la prominente erección que se clavaba con fuerza en mis nalgas, me estaban volviendo loca de deseo… vertiginosamente me dio la vuelta, lanzándose de lleno a mis pechos toda esa calma con la que hasta ahora se había comportado se transformó en la más extrema dualidad, su lengua se deshacía entre lametones por mis pezones que con una habilidad asombrosa los había sacado al exterior, sus manos me recorrían por encima del vestido quemándome casi la piel por el fuego que desprendían, lo subió hasta mis caderas en un arranque de furia desmedida, sus dedos se colaron por el hueco de mi tanga indagando por mi sexo, inundándose de una lubricidad cristalina que me tenía totalmente calada, en ese momento, fue como si hubiera adivinado mis deseos por que invadiera con su boca todo mi sexo, rompió de un tirón mi fino tanga y como un animal hambriento se dispuso a devorarlo, sentí como su lengua dominaba por completo mi clítoris, como se recreaba lamiendo mi carne trémula mientras yo me retorcía entre gemidos de placer, se arrastró hasta mi boca para besarme estallando en unas ansias con sabor a mi, se desabrochó su pantalón, y aferrando sus manos a mis muslos me penetró, sentí como me llenaba por completo de él mientras su mirada se perdía en la mía. Lo desabroché temblorosa los botones de la camisa dejando su torso al descubierto, mis manos se agarraron a sus hombros, mientras el iniciaba un ritual de movimientos pélvicos, suaves al principio pero según nos iba consumiendo la pasión se fueron acelerando, hasta ser casi brutales, allí entre sus brazos, sumida en un estallido de placeres, unidos por una misma pasión, mis uñas se clavaron en su espalda al desvanecerme en un orgasmo intenso, tan intenso que perdí la consciencia por un instante...
Me llevó hasta su cama, entre risas y caricias nos pasamos la noche dedicándonos a jugar al amor, hasta agotarnos de nuestros sentires. No teníamos hambre, no teníamos sed, sólo la necesidad de saciarnos de nosotros mismos...
Nunca imaginé que tras esa mirada amigable se escondiera un hombre tan seductor, con unos dotes amatorios tan increíbles, tan especiales como deliciosos, así era él...
A los pocos días recibí un pequeño paquete, al abrirlo encontré un tanga de fina lencería en color negro con una tarjeta que decía: - ¿Te gusta? A mi me encantará rompértelo, no pienso en otra cosa...


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Ya alojada en un hotelito bastante romántico por cierto, me dispuse a pasear por la ciudad, no tenía prisa ni nada en concreto que visitar, pues no era mi primera estancia en Paris, por lo que decidí relajarme entre sus calles y avenidas mezclándome entre la gente, disfrutando del colorido de las floristerías que sacan a las aceras cientos de flores y plantas a cual más impresionante, o de impregnarme en el aroma que salen de las pastelerías, donde sus escaparates invitan a pasar a su interior para deleitarse con todo tipo de dulces. Tras un largo paseo decidí hacer un descanso en algún estupendo café de los que esta ciudad ofrece a sus viandantes, tenía sed y me apetecía tomar algo, por suerte encontré uno precioso, situado en un lugar único, en el corazón del Louvre, bajo las arcadas y al frente de la gran pirámide. Ubicado en uno de los ambientes más encantadores de París, sus salas habían sido decoradas al más puro estilo Napoleón III, y su fabulosa terraza sombreada abierta al carrusel daba al establecimiento un ambiente bastante elegante. Me acomodé en una de las mesas de la amplia terraza, mientras esperaba al camarero observé a mi alrededor, el sol estaba radiante, la temperatura era muy agradable, motivo para que las terrazas estuvieran concurridas de gente, cerca de mí, justo dos mesas por delante, había un grupo de hombres tres en concreto, más o menos de mi edad, me di cuenta que el del centro me miraba fijamente, algo que me llamó la atención pues mientras que los otros charlaban el permanecía en silencio con la mirada fijamente en mi. Llegó el camarero, le pedí para tomar un café con leche y una porción de tarta de manzana, mi francés no es que sea muy fluido pero si es lo suficiente para defenderme en este tipo de cosas, además por suerte mi teléfono lleva traductor lo cual siempre es una ayuda. Por un momento me olvidé del desconocido pero tenía la sensación de que estaba siendo observada, con la ventaja de mis amplias gafas de sol pude mirar de nuevo disimulando la intención, dos de los hombres se habían ido, solo quedaba el del centro y esta vez no solo miraba sino que hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo sonriendo a la vez, yo me hice la despistada, en ese momento llegó el camarero con el encargo. Entre sorbos de café y bocaditos de pastel empezó un cruce de miradas cada vez más insinuantes. Se levantó de golpe encaminándose hacia mí, lo que veía me gustaba cada mas, se acercaba, era un hombre alto, delgado, pero de hombros anchos seguramente consecuencia de horas de gimnasio; su pelo negro, largo, y rizado llamaba la atención, era evidente que lo tenía bien cuidado, se paró justo en frente de mi a la vez que se quitaba las gafas, dejando al descubierto unos enormes ojos negros poblados de unas espesas pestañas, un hombre muy atractivo de tez morena y barba de varios días...
-Bonjour belle dame! Parlez-vous français?(Buenos días bella dama, ¿habla usted francés?).
- Je vais faire l'amour, mon petit ... (Te voy a hacer el amor mi pequeña).
Dicho esto se abalanzó a mi boca con la misma fuerza que lleva un tapón de champán cuando lo descorchan. Sus manos desabrocharon los botones de mi camisa impulsivamente, acariciando a su paso todo lo que encontraba, sus labios ardientes ya recorrían mi cuello e hizo una parada entre mis pechos, los sacó delicadamente por encima del sujetador, comenzó a besarlos y a lamerlos con tal ansia que pareciera que jamás antes lo hubiera hecho. Desocupó la mesa con rapidez y me tumbó en ella, yo, suelo ser bastante apasionada en mis encuentros sexuales, pero esta vez decidí abandonarme a sus deseo, me dediqué a disfrutarle... Sentí como sus manos se deslizaban por mis piernas a la vez que subía mi falda hasta mis caderas, comenzó a besarme justo por encima del triangulo de mi tanga, su boca jugaba con los cordones de la tela, hasta que decidió retirarlo por completo dejando mi sexo totalmente al desnudo y 

Empezó a moverse de forma lenta pero a medida que su excitación crecía se aceleraban sus movimientos que pasaron de ser suaves a casi salvajes, su aliento como fuego ardiente se clavaba en mi nuca, vistiendo la pasión de rojo vivo, sus gemidos indujeron a los míos, provocando en mi un estado de exaltación que me incitó a suplicarle con palabras subidas de tono, palabras que no solo le encantaron sino que lo incitaron a unirse al juego.






Esa noche queríamos pasarla juntos, era San Juan , noche de fuego, misterio y hogueras, a mí siempre me había parecido mágica y no sé porque me inspiraba un toque de romanticismo y sensualidad, pero a la vez hay algo especial en ella que activa mi instintos sexuales... Una vez más por cuestiones laborales los planes se nos vinieron abajo separándonos a cientos de kilómetros.
Yo le empecé a explicar con todo detalle, aunque muy despacio, su respiración cada vez aumentaba más y a mí me temblaba la voz de la excitación que me producía oírlo.
Paró en mi abdomen para dirigirse lentamente hacia mi ombligo, allí se detuvo , yo solo deseaba que llegara a mi sexo, creo que el notaba mi impaciencia y por ese motivo intentaba alargarlo para que mi excitación fuera máxima; por fin se fue acercando, poco a poco, hasta llegar a él, su dedo índice bajo lentamente haciéndose paso entre mis labios henchidos de deseo, colándose en su apertura, donde la más ardiente humedad lo esperaba, impregnándose de ella buscó el botón delicado del deseo, mi clítoris, que esperaba exasperado ser acariciado, en un vaivén de movimientos circulares, suaves e intensos, alteró todo mi ser, ya no tenía consciencia , solo era mi cuerpo, la luz de las velas y su voz... Los músculos de mi cuerpo se contraían entre sacudidas de placer, ambos estábamos al límite, podía oír sus fuertes jadeos como si estuviera allí mismo, envueltos en una pasión desmedida, entre espasmos y convulsiones por el más intenso de los placeres que jamás pudiéramos haber imaginado, en un último esfuerzo nos abandonamos al deseado clímax, fuerte, intenso, único... Mientras se apoderaba de mi pude sentir como un inmenso orgasmo le agotó por completo hasta su propia voz, solo quedaron los gemidos sofocados de ambos como consecuencia de una de las mas deliciosas de la experiencias vividas por los dos.
En la calma, me preguntó: - ¿cómo estás? yo me eché a reír, pues en ese momento fui consciente de mi verdadera situación, estaba totalmente atravesada en la cama, me incorporé, mis piernas colgaban por unos de los laterales, aun confundida, aun impactada, sensible en extremo...volvió a preguntar - ¿Qué haces? ,contesté, -estoy sentada en el borde de la cama, -¿Cómo estás ahí?, -No lo sé... El soltó una sonrisa y de nuevo haciéndose el dueño absoluto de la situación, el dueño absoluto de mi voluntad con esa voz dulce y penetrante que todo lo puede y se apodera de mí, añadió: -Túmbate de nuevo, aun no hemos terminado amor... Hoy es nuestra noche, hoy quiero saciarme de tu fuego...
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