ARREBATO & LASCIVIA
TENTACIÓN & COMPLOT
EXCITACIÓN & DELEITE
CARICIA & TICTAC
ESTREMECER & PERFUME
ROCE & PLACER
ERÓTICO & AMANTE
SEDUCCIÓN & LABIOS
Matices, detalles, olores, sabores, deseos, texturas y tesituras.
Se Desató el Deseo...


Frente a frente, enlazados, en silencio, nos miramos, nada existe, todo sobra alrededor... Una luz tenue al fondo rompe la oscuridad, testigo de la desnudez de unos cuerpos que acomodan deseos bajo el forro de la piel…
MIRA
Quiero resbalar en la playa de tu piel,

Cuando lo tuve frente a mi nos miramos, ninguno de los dos pronunció palabra, mis manos se dirigieron hacia su pecho, pero de repente y sin saber muy bien el porqué, las ansias y la premura por devorarlo adquirieron su total y más compleja dualidad cuando, al tocarlo, sentí la calidez de su cuerpo, la necesidad por acariciarlo, por sentir su pasión, de poseerlo pausada y lentamente. Esa sensación alteró mis ganas, convirtiéndose en el más inminente de mis deseos.
Mis dedos se deslizaron por la fina tela , hasta llegar al primero de sus botones, entonces, como si se tratara de un ritual, me inicié a desabrocharlos con suma delicadeza, hasta que su torso quedó al descubierto, mi boca comenzó a recorrerlo cubriendo su torso de suaves besos, mientras que mis manos se colaban por sus costados hasta alcanzar sus hombros, eché hacia atrás su camisa sin llegar a quitarla del todo. Seguíamos en silencio, nuestros labios se encontraban a escasos centímetros el uno del otro, las respiraciones se mezclaban dulcemente haciendo más difícil aun el aguantar la inercia de fundirnos en un beso, de un impulso me giré hacia su espalda, pegando completamente mi cuerpo al suyo, mis manos se aferraron a sus caderas, apretándolo con fuerza contra mí. El calor de mi aliento se estrellaba en su nuca, mi boca mordía delicadamente su cuello, mi lengua jugaba con el lóbulo de su oreja, su piel se estremeció, el calor de la carne y la excitación de ambos emanaban entre gemidos y susurros de placer… Retiré su camisa por completo y lo sugerí que permaneciera inmóvil por unos instantes. En un nuevo aviso le pedí que se diera la vuelta, al volverse se sorprendió gratamente, la expresión de su cara lo delató al ver toda mi ropa tirada en el suelo,yo, solo llevaba puesta su camisa... Lo miré con avidez mientras le hacia una sutil sugerencia:
-Ven… Hazme el amor o fóllame, haz conmigo lo que te apetezca, pero con una condición, hoy somos tres… Tú, yo y tu camisa…
Esbozando una sonrisa maliciosa añadió: -Contigo lo quiero absolutamente todo… Hoy mandas tú. ¡Caprichosa…!
Lo que aconteció después lo dejo a la imaginación o "capricho" de todos vosotros….

Llegué a Tetuán a mediodía, justo para el encuentro con unos clientes de mi empresa y otros tres miembros de una empresa colaboradora, esta vez asistía sola, por suerte la reunión se celebraba en la sala de conferencias del hotel por lo que me permitió hacer el check-ing y darme una ducha rápida. El hotel estaba ubicado en una zona preciosa, justo en el corazón de la Kasbah, la parte mas alta de la Medina, la suite estaba situada sobre la terraza de la azotea, se podía disfrutar en ella de una pequeña terraza con vistas del estrecho y a los tejados de la medina. El baño disponía de un jacuzzi situado justo en la misma dirección a las vistas. El centro del hotel era el Hamman o baño turco, una delicia donde se respiraba el aroma de aceites y esencias árabes, evocando con su decoración a las historias de las mil y una noches.
En el agua había ciento de pétalos de flores y un perfume exquisito emanaba de ella, a todo esto lo acompañaba una delicada melodía de piano que no sabia exactamente de donde salía, aún así no lo dudé ni un momento, sin hacerme ningún tipo de preguntas me desnudé y me sumergí en el agua que estaba a la temperatura perfecta, cerré los ojos y me dejé llevar… A los pocos minutos me sobresaltaron unas manos que me sujetaron por los hombros desde atrás a la vez que una voz varonil me susurraba:
Durante unos instantes solo sentía su respiración agitada, pero enseguida reaccionó, el sonido del agua me indicó que había salido de la bañera pues yo aun seguía con la venda en los ojos, de repente me incorporó sacándome al exterior y me rodeó con una suave y esponjosa toalla secando con ella mi cuerpo, me elevó entre sus brazos como si fuera una ligera pluma y me llevó hasta la cama, me acomodó entre almohadones cubiertos también con pétalos de flores, mis manos los rozaban, y allí , expuesta a su plena voluntad se desbordó de nuevo en caricias, esta vez envueltas en un aceite de esencia de canela. Comenzó por mis pies con un suave masaje, más tarde sus manos apretaban mis tobillos subiendo lentamente por mis piernas, recreándose en el interior de mis muslos, jugaba con sus dedos alrededor de mi sexo excitadísimo, creando espirales de deseo con cada roce, alterando mis sentidos, erizando cada poro de mi piel, envolviéndolos con el aromático liquido que me estimulaba y me producía el mas intenso de los gozos; llegó hasta mis senos, con un solo dedo rodeó sus aureolas rosadas hasta llegar al pezón eréctil, el cual acariciaba sumamente despacio, con tanta delicadeza que parecía temer romperlo, yo me curvaba de placer, entonces su boca se precipito a la mía, desembocando en un torbellino de pasión, enredándonos entre la humedad de nuestras lenguas, atándonos y desatándonos por momentos para poder respirar, para no asfixiarnos en nuestro propio d
eseo.
Te echo de menos...
Quiero morder tus deseos
cia.
día mi cuerpo entre caricias y besos.
Me tumbó en el suelo y se dedicó A respirarme uno por uno los poros de mi piel curvándome de sentires y de gozos nuevos, me dejo desnuda de mi propia desnudez, en la ingravidez de su cuerpo trabada en mi pecho, en Mi vientre y en locurAs regaladas aún por descubrir…Allí estaba yo, a la hora convenida, todo estaba preparado, un ambiente ideal de luces y música, una mesa elegante y una cena de gourmet en la que nos deleitamos con varias delicatessen.
Al poco tiempo tuve la sensación de estar con otra persona, descubría detalles en él que para mi eran totalmente desconocidos o quizás al estar siempre acompañados con otras personas pasaron desapercibidos, lo que estaba claro es que este nuevo hombre me estaba conquistando...
Terminamos de cenar y pasamos a otra parte del salón, donde me indicó que me sentara en un inmenso sofá blanco, el se fue para la cocina y al rato apareció con una caja de bombones, una cubitera y una botella de un riquísimo champán rosado de una marca bastante conocida. Preguntó: - ¿Te gusta, verdad? No sé si fue casualidad o quizás el ya lo sabía pero la cuestión es que de todas las bebidas que puedan existir en el mundo, esta es mi favorita. Brindamos mirándonos fijamente, después desenvolvió uno de los bombones con tanta delicadeza que yo me quedé abstraída en el movimiento de sus dedos, acercó el bombón hacia mis labios, yo mordí una parte y él se llevó el resto a su boca, al momento caímos en la inercia de nuestros labios, prendidos por una pasión recién descubierta o quizás lo lleváramos dentro desde hace tiempo y hasta ese momento no supimos expresarlo. Ansiosos de nosotros mismos nos comíamos a besos, las lenguas ávidas de deseo se fusionaban en la mezcla de nuestros jugos y el chocolate.
Entre besos y caricias me llevó a su dormitorio, se sentó en el borde de la cama, yo lo miraba nerviosa pero decidida a dejarme llevar por ese torbellino de sensaciones que estaban naciendo entre los dos y cada vez se hacia más fuerte. Me observaba de arriba abajo, y con la voz más sensual que jamás había oído dijo: -Desnúdate… 
Yo accedí a su petición, pensando que era un simple capricho. Me fui despojando poco a poco de mi ropa, que iba dejando caer sutilmente en una inmensa alfombra que se extendía a los pies de la cama, él la iba recogiendo y colocándola perfectamente estirada a su lado. Ya completamente desnuda lo miré fijamente, estiró los brazos e hizo un movimiento con sus dedos indicándome que me acercara hacia él, asiendo mis caderas como garras apoyó su rostro en mi vientre, su respiración traspasaba mis poros incendiándome por dentro, se dedicó a dibujar mi cuerpo con sus manos, recorriendo casi con precisión cartográfica los pliegues de mi piel, dejando una senda brillante con la saliva que iba desprendiendo de su boca al besarme. Se incorporó conduciéndome a la vez hasta un comodín con un inmenso espejo que justo había detrás de nosotros, apoyándome de pie en él, cogió mi ropa y como si de un ritual se tratara empezó a vestirme, yo lo miraba extrañada, pero no pregunté nada, la tibieza de sus manos subiendo por mis tobillos al introducir mi tanga me tenían extasiada de deseo, lo colocó perfectamente, casi ajustando a milímetros los dos cordones negros que se sujetaban con mis caderas. Continuó con el sujetador, parecía que toda su vida se había dedicado a abrochar estas prendas por la precisión con que lo hizo. Después suavemente introdujo uno de mis pies en una media, lenta y delicadamente la iba subiendo hacia mis muslos, los cuales se erizaron al colocar la blonda de encaje por un simple roce de sus dedos a mi sexo que ya estaba notablemente húmedo por la excitación, hizo lo mismo con la otra pierna, pero esta vez fue premeditado un nuevo contacto de sus dedos, buscaba excitarme y lo estaba consiguiendo. Acomodó mi pie derecho en su rodilla, recreándose lascivamente besó mi empeine y mi tobillo, más tarde encajó mi pie en uno de mis zapatos con tal delicadeza y mimo que pareciese ser de puro cristal, luego hizo lo mismo con el otro pie.
Se incorporó para enfundarme de nuevo en mi vestido, una larga cremallera en la espalda lo ceñía completamente a mi cuerpo, acarició con las yemas de los dedos mis hombros a la vez que con sus dientes mordía delicadamente mi cuello, sus manos abiertas se deslizaban lentamente hacia mis pechos y haciéndose hueco a través del escote se colaron en su interior, mí piel se erizaba entre un sin fin de caricias, sus labios seguían jugando en mi cuello, sentía el calor de su cuerpo adosado a mi espalda y la prominente erección que se clavaba con fuerza en mis nalgas, me estaban volviendo loca de deseo… vertiginosamente me dio la vuelta, lanzándose de lleno a mis pechos toda esa calma con la que hasta ahora se había comportado se transformó en la más extrema dualidad, su lengua se deshacía entre lametones por mis pezones que con una habilidad asombrosa los había sacado al exterior, sus manos me recorrían por encima del vestido quemándome casi la piel por el fuego que desprendían, lo subió hasta mis caderas en un arranque de furia desmedida, sus dedos se colaron por el hueco de mi tanga indagando por mi sexo, inundándose de una lubricidad cristalina que me tenía totalmente calada, en ese momento, fue como si hubiera adivinado mis deseos por que invadiera con su boca todo mi sexo, rompió de un tirón mi fino tanga y como un animal hambriento se dispuso a devorarlo, sentí como su lengua dominaba por completo mi clítoris, como se recreaba lamiendo mi carne trémula mientras yo me retorcía entre gemidos de placer, se arrastró hasta mi boca para besarme estallando en unas ansias con sabor a mi, se desabrochó su pantalón, y aferrando sus manos a mis muslos me penetró, sentí como me llenaba por completo de él mientras su mirada se perdía en la mía. Lo desabroché temblorosa los botones de la camisa dejando su torso al descubierto, mis manos se agarraron a sus hombros, mientras el iniciaba un ritual de movimientos pélvicos, suaves al principio pero según nos iba consumiendo la pasión se fueron acelerando, hasta ser casi brutales, allí entre sus brazos, sumida en un estallido de placeres, unidos por una misma pasión, mis uñas se clavaron en su espalda al desvanecerme en un orgasmo intenso, tan intenso que perdí la consciencia por un instante...
Me llevó hasta su cama, entre risas y caricias nos pasamos la noche dedicándonos a jugar al amor, hasta agotarnos de nuestros sentires. No teníamos hambre, no teníamos sed, sólo la necesidad de saciarnos de nosotros mismos...
Nunca imaginé que tras esa mirada amigable se escondiera un hombre tan seductor, con unos dotes amatorios tan increíbles, tan especiales como deliciosos, así era él...
A los pocos días recibí un pequeño paquete, al abrirlo encontré un tanga de fina lencería en color negro con una tarjeta que decía: - ¿Te gusta? A mi me encantará rompértelo, no pienso en otra cosa...