Traspasar el umbral donde me aguarda la locura de su boca precipitándose a la mía en la estrecha unión de su hambre y mi sed, enfrentados en un duelo de pasiones...
Allí estaba, tras la puerta, esperándome con ese deseo insaciable que le quema en el cuerpo, guardado por varios días de ausen
cia. Mi entrada de felina, sigilosa, desprendiendo aroma con el movimiento insinuante de mis caderas, vestida como a el le provoca, camisa blanca ajustada y falda de tubo negra, y como siempre mis zapatos estilo Gilda, lo llevó a seguirme hasta mi, sentí su calor impregnado en su ropa traspasando la mía al Aferrarse a mi espalda, a la vez que aspiraba su ansiedad. Apoyó sus manos grandes en mis hombros y lentamente me giró hacia él. Sus ojos se clavaron en los míos descubriéndonos en la inercia de un túnel de deseos.
Delicadamente su maNo sujetó mi barbilla, en el más absoluto silencio con su dedo índice perfiló el borde de mis labios, más tarde eran los suyos los que me rozaban, absorbiendo mi aliento se precipitó a mi boca que temblaba ávida por la suya. En esos mismos instantes, fundidos entre gemidos y suspiros supe que me había hecho suya, con el pacto de su boca me dejó carente de volunTad, ya solo le pertenecía a él…
Fue desabrochando con sus manos cada botón de mi blusa, recreándose en su habilidad y mi debilidad por el roce de las mismas al sentirlas por debajo de mi ropa. Dejó mi torso al descubierto, hundió su cara en mis senos, comenzó a bEsarlos, a morderlos delicadamente, entre caricias sin prisas llegó hasta la cremallera de mi falda, la bajó y la dejo caer hasta el suelo, se arrodilló para sacarla por mis piernas, así, en esa postura comenzó a besar mis tobillos, subió muy despacio por mis piernas hasta el interior de mis muslos, alterando inevitablemente la fiesta de mi piel, posó su cara en la tela del encaje fino de mi braguita ,donde respiró los aromas del Deseo que destilaba mi sexo, encendiendo más aun si se po
día mi cuerpo entre caricias y besos.Se incorporó con la mirada desbordada de dEseo al paso que desabrochaba el cinturón y la cremallera de su pantalón dejando al descubierto su pene en plena erección, al verlo me mordí los labios lascivamente, no hizo falta que dijera nada, yo sabia lo que quería en ese momento y descendí hasta quedarme totalmente de rodillas frente a éL, extendió sus brazos y con toda la sutileza del mundo me cogió del pelo hasta acercarme a su prominente pene que me esperaba desnudo, lo envolví con mis manos mientras mi lengua seguía la huella de su forma hasta llegar a su glande licuado en deseos, yo le miraba siguiéndolo en la agonía del placer que le proVocaba mi boca al engullir su carne blanca que destacaba en el contraste del rojo del carmín de mis labios, mientras tejía caricias con sus dEdos en los rizos de mi pelo, se deleitaba mirando la escena desde un espejo inmenso, situado a un lateral de nosotros, donde se dibuja la caRa de nuestra pasiones, donde su propio reflejo se disipaba en el humo de los suspiros, en la tormenta de mi boca que incendió su cuerpo y lo elevó a los espasmos de un intenso orgasmo. Sentí como su esencia, dulce, suave, fluía por mi Boca hundida en su sexo, llenándola por completo, me incorporé y en un beso con sabor a él lo compartimos, con prisas, excitados, él aun tembloroso , yo fuera de contrOl.
Me tumbó en el suelo y se dedicó A respirarme uno por uno los poros de mi piel curvándome de sentires y de gozos nuevos, me dejo desnuda de mi propia desnudez, en la ingravidez de su cuerpo trabada en mi pecho, en Mi vientre y en locurAs regaladas aún por descubrir…Aunque me cueste reconoceRlo, me alimento de tu alma. Y es que contigo, nunca es suficiente…



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Ya alojada en un hotelito bastante romántico por cierto, me dispuse a pasear por la ciudad, no tenía prisa ni nada en concreto que visitar, pues no era mi primera estancia en Paris, por lo que decidí relajarme entre sus calles y avenidas mezclándome entre la gente, disfrutando del colorido de las floristerías que sacan a las aceras cientos de flores y plantas a cual más impresionante, o de impregnarme en el aroma que salen de las pastelerías, donde sus escaparates invitan a pasar a su interior para deleitarse con todo tipo de dulces. Tras un largo paseo decidí hacer un descanso en algún estupendo café de los que esta ciudad ofrece a sus viandantes, tenía sed y me apetecía tomar algo, por suerte encontré uno precioso, situado en un lugar único, en el corazón del Louvre, bajo las arcadas y al frente de la gran pirámide. Ubicado en uno de los ambientes más encantadores de París, sus salas habían sido decoradas al más puro estilo Napoleón III, y su fabulosa terraza sombreada abierta al carrusel daba al establecimiento un ambiente bastante elegante. Me acomodé en una de las mesas de la amplia terraza, mientras esperaba al camarero observé a mi alrededor, el sol estaba radiante, la temperatura era muy agradable, motivo para que las terrazas estuvieran concurridas de gente, cerca de mí, justo dos mesas por delante, había un grupo de hombres tres en concreto, más o menos de mi edad, me di cuenta que el del centro me miraba fijamente, algo que me llamó la atención pues mientras que los otros charlaban el permanecía en silencio con la mirada fijamente en mi. Llegó el camarero, le pedí para tomar un café con leche y una porción de tarta de manzana, mi francés no es que sea muy fluido pero si es lo suficiente para defenderme en este tipo de cosas, además por suerte mi teléfono lleva traductor lo cual siempre es una ayuda. Por un momento me olvidé del desconocido pero tenía la sensación de que estaba siendo observada, con la ventaja de mis amplias gafas de sol pude mirar de nuevo disimulando la intención, dos de los hombres se habían ido, solo quedaba el del centro y esta vez no solo miraba sino que hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo sonriendo a la vez, yo me hice la despistada, en ese momento llegó el camarero con el encargo. Entre sorbos de café y bocaditos de pastel empezó un cruce de miradas cada vez más insinuantes. Se levantó de golpe encaminándose hacia mí, lo que veía me gustaba cada mas, se acercaba, era un hombre alto, delgado, pero de hombros anchos seguramente consecuencia de horas de gimnasio; su pelo negro, largo, y rizado llamaba la atención, era evidente que lo tenía bien cuidado, se paró justo en frente de mi a la vez que se quitaba las gafas, dejando al descubierto unos enormes ojos negros poblados de unas espesas pestañas, un hombre muy atractivo de tez morena y barba de varios días...
-Bonjour belle dame! Parlez-vous français?(Buenos días bella dama, ¿habla usted francés?).
- Je vais faire l'amour, mon petit ... (Te voy a hacer el amor mi pequeña).
Dicho esto se abalanzó a mi boca con la misma fuerza que lleva un tapón de champán cuando lo descorchan. Sus manos desabrocharon los botones de mi camisa impulsivamente, acariciando a su paso todo lo que encontraba, sus labios ardientes ya recorrían mi cuello e hizo una parada entre mis pechos, los sacó delicadamente por encima del sujetador, comenzó a besarlos y a lamerlos con tal ansia que pareciera que jamás antes lo hubiera hecho. Desocupó la mesa con rapidez y me tumbó en ella, yo, suelo ser bastante apasionada en mis encuentros sexuales, pero esta vez decidí abandonarme a sus deseo, me dediqué a disfrutarle... Sentí como sus manos se deslizaban por mis piernas a la vez que subía mi falda hasta mis caderas, comenzó a besarme justo por encima del triangulo de mi tanga, su boca jugaba con los cordones de la tela, hasta que decidió retirarlo por completo dejando mi sexo totalmente al desnudo y 

Empezó a moverse de forma lenta pero a medida que su excitación crecía se aceleraban sus movimientos que pasaron de ser suaves a casi salvajes, su aliento como fuego ardiente se clavaba en mi nuca, vistiendo la pasión de rojo vivo, sus gemidos indujeron a los míos, provocando en mi un estado de exaltación que me incitó a suplicarle con palabras subidas de tono, palabras que no solo le encantaron sino que lo incitaron a unirse al juego.






Esa noche queríamos pasarla juntos, era San Juan , noche de fuego, misterio y hogueras, a mí siempre me había parecido mágica y no sé porque me inspiraba un toque de romanticismo y sensualidad, pero a la vez hay algo especial en ella que activa mi instintos sexuales... Una vez más por cuestiones laborales los planes se nos vinieron abajo separándonos a cientos de kilómetros.
Yo le empecé a explicar con todo detalle, aunque muy despacio, su respiración cada vez aumentaba más y a mí me temblaba la voz de la excitación que me producía oírlo.
Paró en mi abdomen para dirigirse lentamente hacia mi ombligo, allí se detuvo , yo solo deseaba que llegara a mi sexo, creo que el notaba mi impaciencia y por ese motivo intentaba alargarlo para que mi excitación fuera máxima; por fin se fue acercando, poco a poco, hasta llegar a él, su dedo índice bajo lentamente haciéndose paso entre mis labios henchidos de deseo, colándose en su apertura, donde la más ardiente humedad lo esperaba, impregnándose de ella buscó el botón delicado del deseo, mi clítoris, que esperaba exasperado ser acariciado, en un vaivén de movimientos circulares, suaves e intensos, alteró todo mi ser, ya no tenía consciencia , solo era mi cuerpo, la luz de las velas y su voz... Los músculos de mi cuerpo se contraían entre sacudidas de placer, ambos estábamos al límite, podía oír sus fuertes jadeos como si estuviera allí mismo, envueltos en una pasión desmedida, entre espasmos y convulsiones por el más intenso de los placeres que jamás pudiéramos haber imaginado, en un último esfuerzo nos abandonamos al deseado clímax, fuerte, intenso, único... Mientras se apoderaba de mi pude sentir como un inmenso orgasmo le agotó por completo hasta su propia voz, solo quedaron los gemidos sofocados de ambos como consecuencia de una de las mas deliciosas de la experiencias vividas por los dos.
En la calma, me preguntó: - ¿cómo estás? yo me eché a reír, pues en ese momento fui consciente de mi verdadera situación, estaba totalmente atravesada en la cama, me incorporé, mis piernas colgaban por unos de los laterales, aun confundida, aun impactada, sensible en extremo...volvió a preguntar - ¿Qué haces? ,contesté, -estoy sentada en el borde de la cama, -¿Cómo estás ahí?, -No lo sé... El soltó una sonrisa y de nuevo haciéndose el dueño absoluto de la situación, el dueño absoluto de mi voluntad con esa voz dulce y penetrante que todo lo puede y se apodera de mí, añadió: -Túmbate de nuevo, aun no hemos terminado amor... Hoy es nuestra noche, hoy quiero saciarme de tu fuego...
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