Era un día más en la oficina, el mismo trabajo, las tazas de café continuas, las bromas de los compañeros graciosos y las mismas prisas por terminar los informes, excepto por un especial acontecimiento, de repente se abrió el ascensor y apareció el jefe de personal acompañado de otro hombre, alto, moreno, elegantemente vestido, con aspecto varonil de esos de anuncio de perfumes y sobre todo, rabiosamente joven... Se trataba del nuevo gerente del departamento de recursos humanos que recién se incorporaba a la empresa. Pasó por delante de los despachos de camino al suyo dedicándonos una sonrisa amigable pero a la vez seductora, para nadie pasó inadvertido este nuevo personaje, sobre todo para las chicas que rápido hicieron comentarios sobre él, su llegada inevitablemente se convirtió en la noticia del día... Las semanas fueron pasando en su normalidad, algunas veces coincidíamos en los pasillos donde nos sonreíamos a la vez que se cruzaban las miradas de forma penetrante o por la petición de algún que otro informe que yo misma debía entregarle en su despacho, algo que me encantaba hacer, pues no podía evitar electrificarme cada vez que él revisaba mi entrega , mientras yo esperaba su aprobación disimuladamente y de reojo recorría toda la geografía de su cuerpo, su voz tan masculina me embelesaba, ese hombre despertaba mi cuerpo de una forma asombrosa, casi obsesiva y era inevitable que mientras él me hablaba yo me perdiera en alguna que otra fantasía donde ambos éramos los protagonistas. Yo tampoco le era indiferente, en más de una ocasión le sorprendí embobado en mi escote o en el cruce de mis piernas cuando esperaba sentada, el caso es que cuando estábamos juntos en el ambiente flotaba pura atracción.
Uno de nuestros principales clientes nos hizo un encargo de última hora y como suele suceder siempre en estos casos la entrega era en tiempo límite. Mi jefe me pidió personalmente que me ocupara del proyecto y eso significaba que debería trabajar en fin de semana, algo que no me hizo ninguna gracia, pero no podía negarme pues la causa estaba más que justificada.Era sábado, el reloj marcaba las ocho de la mañana, el silencio reinaba en los despachos, aprovechando esa calma me dispuse hacer mi trabajo en la mayor brevedad posible. La mañana iba avanzando satisfactoriamente, llevaba más de la mitad del proyecto, un último esfuerzo y quedaría todo prácticamente terminado, salvo repasos de última hora, cuando algo me distrajo del ordenador, era un ruido de pasos que se acercaba cada vez más cerca de mi despacho, pensé en el guardia de seguridad, pero este los sábados no trabaja, hasta que por fin una sombra apareció por la puerta y al unisonó de una voz dijo:
- ¡Hola! No sabía que estabas aquí.
Era él, el joven guapo y apuesto, yo aun estaba asustada pero poco a poco mi semblante fue pasando del miedo a la satisfacción.
- ¡Qué susto! ¡Hola! Pensaba que estaba sola y casi me da algo al oír los pasos.
- Lo siento... Yo también creía estar solo, no te oí llegar. He venido a adelantar trabajo, mi mesa está llena de informes que poner al día. ¡Oye! ¿Te gusta la comida China? Acabo de encarga por teléfono, me disponía a ir a la entrada, esta al llegar.
En ese momento sonó la puerta, la comida llegaba, se dirigió hacia ella, a su vuelta volvió a comentar:
- No me has dicho si te gusta, podemos compartirla, he pedido de sobra.
-¡0h! Sí, sí, me encanta, gracias.
- Pues no se hable más que se enfría, vamos a mi despacho.
Yo le seguí igual que un perrito sigue a su amo, esperando con la misma impaciencia la galletita que se acababa de ganar.
Hizo sitio en su mesa, depositó los envases y me dio unos palillos chinos, yo me senté en una esquina de la misma, él justo en la otra, así lo teníamos todo más a mano.
Durante la comida charlamos bastante sobre cosas muy diferentes, de forma muy agradable, sin darnos cuenta habíamos creado un ambiente en el que cada vez nos sentíamos más cómodos. Terminamos de comer, recogimos todo. Me ofreció un café de la maquina del pasillo, yo lo acepté, pues soy una cafetera empedernida, volvió con los vasos, de nuevo se sentó en la mesa, pero esta vez a mi lado, tan juntos que los brazos se rozaban constantemente, sus ojos se clavaron en los míos y el deseo se palpaba. De repente se pronunció:
- Sabes, llevo días preguntándome ¿A qué sabrán tus labios? ¿Cómo serán tus besos?
Yo contesté sutilmente:
-Ahora mismo a café y en cuanto a mis besos puedes comprobarlo tu mismo, si te apetece...
Continuará...



Esa noche queríamos pasarla juntos, era San Juan , noche de fuego, misterio y hogueras, a mí siempre me había parecido mágica y no sé porque me inspiraba un toque de romanticismo y sensualidad, pero a la vez hay algo especial en ella que activa mi instintos sexuales... Una vez más por cuestiones laborales los planes se nos vinieron abajo separándonos a cientos de kilómetros.
Yo le empecé a explicar con todo detalle, aunque muy despacio, su respiración cada vez aumentaba más y a mí me temblaba la voz de la excitación que me producía oírlo.
Paró en mi abdomen para dirigirse lentamente hacia mi ombligo, allí se detuvo , yo solo deseaba que llegara a mi sexo, creo que el notaba mi impaciencia y por ese motivo intentaba alargarlo para que mi excitación fuera máxima; por fin se fue acercando, poco a poco, hasta llegar a él, su dedo índice bajo lentamente haciéndose paso entre mis labios henchidos de deseo, colándose en su apertura, donde la más ardiente humedad lo esperaba, impregnándose de ella buscó el botón delicado del deseo, mi clítoris, que esperaba exasperado ser acariciado, en un vaivén de movimientos circulares, suaves e intensos, alteró todo mi ser, ya no tenía consciencia , solo era mi cuerpo, la luz de las velas y su voz... Los músculos de mi cuerpo se contraían entre sacudidas de placer, ambos estábamos al límite, podía oír sus fuertes jadeos como si estuviera allí mismo, envueltos en una pasión desmedida, entre espasmos y convulsiones por el más intenso de los placeres que jamás pudiéramos haber imaginado, en un último esfuerzo nos abandonamos al deseado clímax, fuerte, intenso, único... Mientras se apoderaba de mi pude sentir como un inmenso orgasmo le agotó por completo hasta su propia voz, solo quedaron los gemidos sofocados de ambos como consecuencia de una de las mas deliciosas de la experiencias vividas por los dos.
En la calma, me preguntó: - ¿cómo estás? yo me eché a reír, pues en ese momento fui consciente de mi verdadera situación, estaba totalmente atravesada en la cama, me incorporé, mis piernas colgaban por unos de los laterales, aun confundida, aun impactada, sensible en extremo...volvió a preguntar - ¿Qué haces? ,contesté, -estoy sentada en el borde de la cama, -¿Cómo estás ahí?, -No lo sé... El soltó una sonrisa y de nuevo haciéndose el dueño absoluto de la situación, el dueño absoluto de mi voluntad con esa voz dulce y penetrante que todo lo puede y se apodera de mí, añadió: -Túmbate de nuevo, aun no hemos terminado amor... Hoy es nuestra noche, hoy quiero saciarme de tu fuego...
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Acudí a la fiesta de cumpleaños puntualmente, vestida con un bonito vestido abotonado hasta las rodillas y unas sandalias de color negro con un considerable tacón, no sé porqué razón pero mi instinto me decía que debía ir elegante. Me abrió la puerta Pedro, el marido de María, la casa estaba llena de gente y decorada con muchos globos de colores, parecía una fiesta infantil… La cumpleañera al verme salió a recibirme toda emocionada, ¡Has venido! No lo tenía yo tan seguro añadió a la vez que me dio un enorme abrazo, la entregué un pequeño obsequio, unos pendientes, los cuales unos días antes saliendo juntas del trabajo vimos en un escaparate y ella quedó prendada de ellos; al verlos empezó a gritar de alegría y terminamos volviéndonos a abrazar y a darnos un enorme beso, mientras esto sucedía observé que al fondo del salón alguien sonreía, un hombre de unos 45 años de edad, alto, rubio, de ojos claros, bien vestido, en conjunto resultaba un hombre muy atractivo, se acercó a nosotras, entonces María me lo presentó, resulto ser un primo de ella que vivía en el extranjero, concretamente en Dublín, y estaba casualmente en España por motivos de trabajo. En ese mismo instante conectamos, primero las miradas y después no dejamos de conversar y de sonreír, la noche iba pasando rápida, al igual que las copas de un delicioso vino que ofrecieron en la cena y provocaron en mí un



“Lámelo”,llénalo de saliva, yo acaté sus ordenes dócilmente y lamí gustosa ese dedo, después lo sacó y empezó a acariciar mi clítoris con él, mientras hacía movimientos pélvicos, su pene aun en mi interior, yo creí morir de deseo, deseo que esa mezcla me producía, mis jadeos y gritos iban en aumento hasta que ya no pude más y sucumbí en el más apetecible e intenso de los clímax que jamás había tenido, era casi insoportable , mis piernas se quedaron sin fuerza, apenas aguantaba la respiración, exhausta y al límite de desfallecer por el agotamiento salí de él de un solo tirón, volviéndome a sentar en el escalón, lo mire y aun extasiada le dije ¡Joder! ¿Así follas siempre tú…? , el sonrió y añadió ¿tomamos café?, yo contesté, tomamos café…






